Unas horas después de concluir su visita a los jesuitas de la zona de Los Ángeles, el P. General se dirigía hacia su segunda jornada en la Provincia Oeste de los EE.UU, que sería Seattle. A su llegada, tras un vuelo de madrugada desde Los Ángeles, el P. General se encaminó directamente a Seattle Prep, para celebrar una reunión con los directores de las diferentes obras. Asistieron presidentes, directores y administradores de las obras que tiene la Compañía en el noroeste del Pacífico, que habían sido invitados a compartir sus experiencias con el P. Sosa. Después de una breve introducción, el P. General invitó a la asamblea a celebrar una Eucaristía en la capilla de Seattle Prep.

En su homilía el P. General hizo alusión a la diversidad de ministerios que se desarrollan el noroeste del Pacífico, y a las dificultades y luchas que muchos han debido afrontar. Sugirió que, para darles respuesta, hemos de pedir la virtud y la gracia de tener coraje. “El Evangelio de hoy me sugiere la virtud del coraje, especialmente al leerlo con ustedes, mujeres y hombres que tienen responsabilidades de liderazgo apostólico en la Compañía de Jesús, en esta zona noroeste de los Estados Unidos. Ustedes, como yo, necesitarán coraje, necesitarán un corazón fuerte, para recorrer el camino que el Espíritu está empezando a indicarnos”.

El hecho de que el Padre General mencionase el coraje marcó el tono de la reunión. Los laicos y jesuitas allí reunidos, comenzaron a hablar de sus trabajos con los nativos de Alaska, de los estudiantes desde la primaria hasta la universidad, de las parroquias, los centros de espiritualidad y de los retiros de todo tipo que organizan, situándolo todo en el marco de la estructura de las Preferencias Apostólicas Universales. Jennifer Doolittle, directora, presentando su dedicación a la juventud, comentó el carácter único de la región norte de la Provincia Oeste de los Estados Unidos: “Nuestro trabajo surge de la necesidad de contacto personal. No necesitamos que se nos ocurra una genial teoría para trabajar con los jóvenes, sino caminar con ellos. No tenemos que llegar a elaborar una teoría de la lucha contra la pobreza, sino estar personalmente entre los pobres. No tenemos que llegar a inventar una teoría sobre la degradación del medio ambiente, sino arremangarnos y luchar”.

Uno de los participantes, buscando conectar todos los ministerios presentes, recordó algo mencionado en la homilía del P. General: “Somos un cuerpo apostólico en proceso de conversión personal, comunitario e institucional, que camina hacia un compañerismo más íntimo con Jesús pobre y humilde, y eso requiere coraje. Las preferencias no se refieren sólo a lo que hacemos. Tienen que ver sobre todo con quiénes somos, gente en movimiento, guiada por el Espíritu, que confía en el Evangelio e intenta cambiar sus formas de servir mejor a la misión de Cristo en el mundo de hoy”. Al recorrer con la mirada la sala en que nos encontrábamos, esas palabras no podían ser más ciertas.

Podría haber resultado abrumadora la escucha de los directores de obra, cuando iban describiendo las oportunidades y los desafíos que afrontan en su trabajo, sobre todo porque trabajan en una Provincia muy joven que lucha por encontrar su identidad. Sin embargo, al final de la reunión los asistentes vivían un cierto sentimiento de redescubrir su objetivo. El P. General lo resumía así: “Llevemos con gran valentía nuestras esperanzas y sueños, nuestros talentos y habilidades, nuestras instituciones y nuestras redes, sean los que sean los panes y peces que tengamos, ante el altar del Señor. Confiemos en que él los tomará, los bendecirá y los compartirá con otros de maneras magníficas que no esperamos”.

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