Con más de 600 años de funcionamiento - sumados entre ellas - las cinco universidades de la Provincia Oeste de los Estados Unidos han formado a investigadores galardonados, gigantes de la industria, líderes religiosos y políticos, admirados y populares atletas y se han merecido la justa reputación de propulsar la educación. Con tres universidades en California (Santa Clara University, Loyola Marymount University, University of San Francisco) y dos en el estado de Washington (Seattle University, Gonzaga University) las universidades del Oeste de los EE.UU. han pasado a ser parte integral de los fundamentos de sus ciudades anfitrionas. Juntas educan a más de 44.000 estudiantes en docenas de disciplinas, tanto de grado como de postgrado.

Sin embargo, ser una “universidad jesuita” significa más que únicamente rigor académico y linajes que cubren siglos. Las universidades de la Provincia Oeste de los EE.UU. han de mostrarse a la altura de instituciones de enseñanza superior de todo el mundo, manteniendo su identidad católica y jesuita. Hacerlo requiere un liderazgo que preste tanta atención al movimiento del Espíritu Santo como a las exigencias de la academia.

Como parte de su visita a la Provincia, el P. General Arturo Sosa se reunió con los presidentes y responsables de misión de las cinco universidades del Oeste de los EE.UU. en el campus de la Seattle University. Durante dos horas de conversación, oración e intercambio de opiniones, el P. General recibió información sobre el ideario de cada universidad y ofreció su visión sobre su importancia en la Compañía de Jesús en todo el mundo. Hemos pedido al P. Dorian Llywelyn, Director Ejecutivo del Centro Ignaciano y Responsable de Misión de la Universidad de Santa Clara, sus reflexiones a propósito de la visita.

Dorian Llywelyn SJ:

“¿Qué es eso exactamente?” es lo que la gente me suele preguntar cuando les digo que soy ‘Delegado de Misión’ en una universidad jesuita. Mis compañeros y yo hablamos de nosotros mismos como una combinación de intérprete, docente, director espiritual, guía turístico, cowboy intelectual, constructor de puentes, tranquilizador, buscador de amigos, empresario y evangelista. Nuestro servicio encierra información y formación, dirigiéndonos a una amplia gama de auditores, sobre lo que implica ser una universidad jesuita en el siglo XXI (así como lo que no implica). La parte más creativa de nuestro trabajo es ayudar a los profesores y al personal a encontrar su lugar dentro de nuestra misión educativa jesuita, lo que a menudo significa ayudarles a descubrir la misión que, de modo inevitable, es inherente a su trabajo.

Junto con mis colegas delegados de misión en las cinco universidades jesuitas de la Provincia Oeste de los Estados Unidos y nuestros respectivos Presidentes, he tenido recientemente el privilegio de participar en una conversación con el P. Arturo Sosa sobre las oportunidades y desafíos actuales de la educación superior jesuita en el Oeste de los Estados Unidos. Los Presidentes dieron al Padre General una amplia información de nuestro contexto. Hablaron de nuestro entorno secularizado, nuestro esfuerzo por proporcionar una educación de alta calidad pero asequible al bolsillo, nuestras particulares estructuras de gobierno, la relación entre nuestras comunidades altamente pluralistas y la misión jesuita y católica. También presentaron la experiencia de nuestras universidades en el Examen de Prioridad de la Misión, el examen de conciencia sobre cómo estamos viviendo nuestra misión, algo que todas las universidades jesuitas de los EE.UU. han emprendido estos últimos cinco años.

Las preguntas del P. Sosa fueron directas y perspicaces, mostrando su clara y penetrante comprensión del apostolado intelectual que estamos llevando a cabo. La cohorte de Delegados de Misión de la Provincia Oeste de los EE.UU. es un grupo muy unido y muy cohesivo. Juntos sabemos de qué manera nuestras universidades están poniendo en aplicación las cuatro Preferencias Apostólicas Universales - a través de oportunidades para hacer que los Ejercicios Espirituales tengan mayor influencia en lo que hacemos y cómo lo hacemos; a través de experiencias que ponen a los estudiantes, profesores y personal en contacto directo con los anawim de nuestro mundo y que fortalecen los lazos y vínculos reales y efectivos. También - como comunidades que enseñan e investigan - nuestras universidades están aportando el humanismo integral de la empresa educativa jesuita a nuestro trabajo con las generaciones emergentes, invirtiendo firmemente en quiénes se convertirán nuestros estudiantes a fin de desempeñar su papel en el mundo que ayudarán a formar. Como comunidades de enseñanza e investigación, ayudamos igualmente a abordar la preocupación más apremiante de muchos de nuestros jóvenes: el medio ambiente. El testimonio de la profundidad del interés de los estudiantes no es sólo lo que están estudiando e investigando, sino también las muchas maneras en que ya están prácticamente involucrados como agentes de cambio y líderes en el cuidado de la Tierra.

Las dos horas que pasamos juntos han sido un memorable y valioso intercambio de ideas, preocupaciones y sugerencias, que nos ha ayudado a reconocernos mejor como compañeros en el apostolado intelectual de esta Provincia. Con su amplia visión de conjunto, el P. General ensanchó la comprensión de nuestras propias instituciones, ayudándonos a apreciar más profundamente que la educación superior jesuita es parte de un proyecto global que nos ha confiado la Iglesia. Nuestra misión jesuita en el mundo es amplia en su diversidad y el apostolado intelectual posee un papel indispensable en esa única misión. Siempre adaptándose a las personas, tiempos y lugares, esa misión además tiene el ancla echada firmemente en el Evangelio de Jesús.