Las visitas del Padre General son un poco ‘al gusto del cliente’, es decir al gusto de la Provincia que está visitando. Están diseñadas para dar al General una imagen lo más clara posible de la variedad, diversidad y disposición de los jesuitas, los apostolados jesuitas, los colaboradores y la gente a la que la Iglesia sirve a través de la Compañía de Jesús. Dicho esto, cualquiera que sea la Provincia que él visite, siempre hay dos comunidades que el Superior General pide que formen parte de la agenda: el noviciado y la comunidad de ancianos. La razón es sencilla: el Padre General quiere que todos los jesuitas, desde los que aún no han hecho los primeros votos hasta los que han recibido su última misión - la de rezar por la Iglesia y la Compañía - recuerden que son parte de la misma misión global de la Compañía de Jesús.

Al final del primer día completo de su visita a la Provincia del Oeste de los EE.UU., el Padre General se dirigió a Culver City, California, para celebrar la misa y compartir la cena con los novicios y el personal del Noviciado de los Tres Compañeros. Durante la visita, el P. General pasó media hora a solas con los novicios, invitándoles a que hicieran cualquier pregunta que tuvieran sobre él, la Compañía de Jesús o la Iglesia. Hemos pedido al novicio Chris Castaneda que comparta con nosotros su reflexión sobre su encuentro con el General.

Chris Castaneda, nSJ:

Mientras reflexiono sobre los momentos que el Padre General gentilmente nos proporcionó a mí y a mis compañeros novicios, no puedo menos que apreciar su actitud de escucha y de estar presente. Allí estábamos: esperando su llegada al noviciado, sentados nerviosamente, tratando de averiguar cómo aprovechar lo mejor posible el tiempo especial que se nos había asignado y esperando dejarle una “impresión perfecta”. El Padre General se acercó e inmediatamente hizo que nos sintiéramos a gusto a causa de su manera de ser cálida y alegre. Se aproximó a cada uno de nosotros y nos dio la mano al hacer las presentaciones. Luego pidió amablemente tener una conversación privada con los novicios, permitiendo el sentirnos cómodos para expresar nuestras esperanzas y reflexiones a propósito de nuestra experiencia en la Compañía por el momento. La humildad que demostró con sólo estar presente y dispuesto a escucharnos me ha dejado una impresión que llevaré conmigo mientras continúo mi propio itinerario en la Compañía. Cada uno de nosotros está llamado a ayudar en el progreso de las almas en la vida cristiana, y sobre todo de aquellos que han sido marginados por la sociedad. Además, la capacidad de estar presente y dispuesto a escuchar a aquellos que no están siendo escuchados es una lección importante en este mundo tan contaminado por tanto ruido desalentador.

Cuando empezamos a preguntar al Padre General sobre su propia experiencia personal de formación, me di cuenta que todo lo que él estaba explicando hallaba eco en mí. Le pregunté cuál era el aspecto que más le había gustado de su noviciado y su proceso formativo y su respuesta fue muy conforme con mi propia experiencia de mis cortos seis meses transcurridos aquí. El Padre General nos confió que estar unido a sus compañeros de noviciado y compartir sus experiencias era lo que más recordaba y apreciaba. Subrayó la importancia de la comunidad y la oración en la vida de un jesuita. Esto es algo que surge regularmente en mi vida de oración y estoy agradecido por las oportunidades que se me han dado para experimentarlo en el noviciado. Creo que los dos factores más importantes de mi felicidad en el noviciado son un producto de la comunidad y de la vida de oración. Éstos han sido dos elementos en los que Dios ha manifestado su presencia y amor en mi vida; son fuentes de aliento y fortaleza especialmente cuando las cosas se me hacen difíciles. El Padre General subrayó la importancia que tenían no sólo en su formación sino durante toda su vida en la Compañía. Reflexionando sobre sus experiencias, veo cómo puede ser fácil perder de vista la importancia de nuestra vida comunitaria y de oración cuando empezamos a asumir más responsabilidades en el apostolado. Pero, como nos lo explicó el Padre General, son fuentes de energía y de consolación y nos ayudan a perseverar en nuestra misión como jesuitas.

La última conclusión que saqué de nuestra conversación con el Padre General es la importancia de recordar por qué cada uno de nosotros está aquí. Cada uno ha sido llamado por Dios a esta vocación especial en la que se nos pide que nos entreguemos para “la mayor gloria de Dios”. Cuando se le preguntó al Padre General qué es lo que le mantiene motivado en su vocación, respondió que era simplemente recordar la invitación de Dios a esa vida. Destacó lo importante que es cada día recordar lo especial que es estar llamado a servir a Dios y a responder con gratitud y humildad, algo de lo que el Padre General nos dio claro ejemplo durante su visita aquí en el noviciado. Mientras continúo mi propio viaje personal de jesuita, este tiempo pasado con el Padre General y las lecciones aprendidas de él serán algo que llevaré conmigo y de lo que seguiré aprendiendo mientras navego por este complicado laberinto conocido como “vida”.

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