Al cumplirse el primer año de la misión que, por un total de diez, confió el Santo Padre a la Compañía de Jesús a través de las Preferencias Apostólicas Universales, el Padre General aprovechó la oportunidad de su visita a las comunidades del área de Los Ángeles de la Provincia del Oeste de los Estados Unidos, para dirigirse conjuntamente a todas ellas a propósito de esta misión. En su presentación, el Padre General pidió una vez más a los jesuitas que vean las PAU no como una lista de acciones o apostolados, sino como una “llamada a la conversión”, una forma de situarnos donde la Iglesia nos necesita más, y donde estamos siendo llamados por el Espíritu Santo.

En una sala repleta de la biblioteca de la Universidad Loyola Marymount, el P. Sosa presentó su visión de las PAU a más de 100 jesuitas antes de responder a sus preguntas. Le pedimos al P. Stephen Corder, Maestro de novicios y Superior del noviciado, que ofreciera sus reflexiones sobre la charla del General y la conversación con él.

Steve Corder SJ, maestro de novicios:

El sur de California tuvo un momento de gracia con la visita del Padre General Arturo Sosa. El sábado por la noche visitó el noviciado de Culver City, que es parte de Los Ángeles. Los cinco novicios de segundo año y los tres de primer año se reunieron para darle la bienvenida junto al gran roble próximo a nuestra capilla de San Ignacio. El Padre General pidió reunirse primero sólo con ellos para conversar sobre su experiencia de entrada en la Compañía y del noviciado. Mientras, el resto de nosotros estábamos fuera bajo el roble, podíamos oír las ocasionales risas cálidas de la sala de recreo, lo que se interpretó por los presentes como una señal francamente positiva. Los novicios mencionaron luego que se sintieron conmovidos por el calor, la humildad y el sentido de fraternidad del Padre General. Los animó a ser consecuentes con su vocación y los invitó a escuchar continuamente la invitación de Dios a la vida religiosa. Al final de la conversación, los novicios le ofrecieron un par de calcetines de San Ignacio, que él apreció. Una nueva compañía en los Estados Unidos hace calcetines con santos para reunir y evangelizar a los millennials (la generación de los nacidos en las dos últimas décadas del S XX).

Al día siguiente, la comunidad de la Universidad Loyola Marymount organizó una gran reunión de los jesuitas de la zona. Predominaban las intensas emociones típicas del espíritu de hermandad cuando nos reunimos frente a la biblioteca de la universidad para tomar una foto del grupo. A lo largo de la reunión el Padre General llevó a cabo una presentación profunda y reflexiva, seguida después de preguntas de la comunidad.

En su presentación, el Padre General destacó cuatro aspectos principales: (i) la invitación a confiar en el Espíritu Santo; (ii) el papel y la importancia de las Preferencias Apostólicas Universales; (iii) el énfasis que hay que hacer en la “mínima Compañía que busca colaborar”, y (iv) el voto de pobreza. Mencionó que también quería abordar la cuestión de las vocaciones y de la formación, a pesar de las limitaciones de tiempo. Destacó la importancia de las vocaciones para el futuro de la Compañía y sus obras. Recordó también que San Ignacio utiliza el término “probación” en lugar de formación en las Constituciones, lo que supone poner un énfasis espacial en los procesos de discernimiento. Las preguntas formuladas al Padre General abarcaron una amplia gama de temas. Una cuestión interesante se refería al apostolado intelectual. El Padre General aseguró que las PAU nos invitan a echar mano de todos nuestros dones intelectuales, un elemento clave de la tradición apostólica de la Compañía.

Para mí, uno de los momentos más conmovedores de la presentación del Padre General fue cuando habló de la Meditación sobre los tres grados de humildad en los Ejercicios Espirituales. Nos recordó la llamada a adoptar el tercero: la imitación directa del pobre y humilde Jesús. Esta invitación fue el hilo conductor de su presentación. Una persona pobre y humilde como Jesús está abierta a confiar en el Espíritu Santo y a ir a donde sea llevado; una persona pobre y humilde verá a la Compañía como servidora, en búsqueda de colaborar con los demás. La sencillez de la pobreza, la solidaridad con los pobres y la dependencia de Dios son amigos de la persona que quiere optar por el tercer grado de humildad.

Este énfasis en el Jesús pobre y humilde también resuena en las Preferencias Apostólicas Universales, que el Padre General concibe como una reflexión contemporánea, bajo la bendición del Papa Francisco, sobre la Fórmula del Instituto. Recuerdo una reunión de formadores el otoño pasado en la que el Padre Mark Ravizza explicó las PAU como un camino que surge de la luz que emiten tres potentes focos. Nuestro camino arranca del discernimiento y de los Ejercicios Espirituales. A lo largo de este itinerario, escuchamos y hemos de responder a tres potentes llamadas-foco: la de los pobres y marginados; la de los jóvenes y adultos jóvenes; la de la tierra (nuestra casa común). Es una forma muy conmovedora de entender nuestra actual vocación colectiva, fruto de íntima resonancia armónica de nuestros corazones con el corazón compasivo del Jesús pobre y humilde al que pretendemos seguir.

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