¿Cómo se pueden resumir los ministerios de una Provincia que no sólo abarca diez Estados de los Estados Unidos, desde Alaska hasta Montana, desde Arizona hasta Hawái, sino que también lleva en su seno docenas de obras y comunidades que sirven a numerosos grupos demográficos, sociales, económicos y políticos - a menudo diametralmente opuestos - con una población de 71 millones de personas? Tal era el desafío que se planteó a los jesuitas de la Provincia Oeste de los Estados Unidos cuando se pusieron a planificar la visita del Padre General Arturo Sosa. Sabían que el P. General deseaba una ‘foto’ instantánea y equilibrada del estado de la Provincia. Ahora bien,   con un repertorio tan diverso de apostolados, culturas y subculturas en la región, era imposible que el Superior General obtuviera esa visión equilibrada con sólo la visita de unas pocas obras y comunidades.

Sabiendo esto, los líderes de la Provincia Oeste de los EE.UU. formaron un comité de jesuitas y compañeros laicos que podría dar comienzo a la visita del P. General mediante una sesión informativa del contexto social y eclesial de la Provincia. Dirigido por el P. Matt Carnes, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, personas expertas en economía, sociología, teología y ciencias políticas se pusieron a preparar, para el P. Sosa y su equipo, un resumen del estado de la Provincia, sus apostolados y las cuestiones de más urgencia por parte de la población a la que sirve la Provincia Oeste de los EE.UU.

Se determinó que la mejor manera de entender la Provincia Oeste de los EE.UU era considerar mitos que circulan y su realidad o falsedad. El primero de esos mitos es que el Oeste de los Estados Unidos es un territorio de extrema diversidad cultural. El panel mostró al Padre General que dicha diversidad se encuentra desigualmente distribuida en la región. Mientras que tres estados (Hawái, California y Nevada) tienen una ‘minoría’ mayoritaria, pues cuentan con poblaciones nacidas en el extranjero por encima de la media nacional, los otros siete estados (Alaska, Washington, Idaho, Montana, Oregon, Utah y Arizona) son 60% anglosajones, y dos de ellos alcanzan más del 80%. Lo que es más importante, si bien la región es múltiple y polícroma en su conjunto, es el hecho que la diversidad se halla muy localizada en el entorno de las grandes ciudades.

El segundo mito es que el oeste de los EE.UU. vive ebrio de riqueza. Aunque es cierto que 23 de las 100 empresas más grandes del mundo tienen su sede en la Provincia, esas empresas -y por lo tanto la riqueza que generan- se concentran en las ciudades costeras de Los Ángeles, San Francisco, Portland y Seattle. Incluso dentro de esas ciudades que experimentan un fuerte crecimiento económico, a medida que aumenta el ritmo de creación de riqueza, también lo hace la desigualdad de ingresos entre los más ricos y los más pobres. Dicha división se ve más claramente en el ‘cataclismo a cámara lenta’ que es la asequibilidad de la vivienda y el costo de la vida en esas ciudades costeras, en las que los residentes nativos a menudo se ven obligados a abandonar sus lugares de nacimiento por la subida de los precios.

Una vez explicados los dos mitos, el panel pasó a examinar su impacto en la diversidad y la economía. Es decir: las poblaciones desplazadas a menudo se trasladan a zonas rurales donde la población comparte sus inclinaciones políticas y socioeconómicas. En otras palabras, a medida que la economía crece, también lo hace la polarización de las comunidades de la región. Junto con dicha polarización, ha surgido el aumento de los ‘nadies’: los no afiliados a la religión que o bien no se interesan por ella o bien desconfían de las grandes instituciones, especialmente de la Iglesia católica.

A medida que la estratificación económica crea comunidades que no sólo no están interesadas en la religión, sino que a veces son activamente hostiles a la Iglesia, la Compañía de Jesús en la Provincia Oeste de los EE.UU. también ha tenido que hacer frente a un descenso en el número de sus miembros. En 2008 había más de 600 jesuitas en la región. Diez años después, hay menos de 500. Esto no sólo ha afectado al número de jesuitas disponibles para la misión, sino también al número de comunidades que la Compañía puede implantar en las zonas más necesitadas de nuestros servicios.

Al llegar al final de esta sesión informativa, habría sido normal el desalentarse. Después de todo, el panel había dibujado la imagen de una Provincia fracturada por diferendos políticos, filosóficos y económicos que no hacen sino aumentar, una región dominada por un número creciente de personas que o bien no confían en la Iglesia o no están interesadas en lo que la Iglesia representa, todo mientras los jesuitas lidiamos con la disminución del número de compañeros. No. El debate no terminó allí. Al contrario, los panelistas desafiaron al Padre General, y el General desafió a los panelistas a ver todo ello como una serie de oportunidades.

Hay una oportunidad en ver dónde crece la población católica y de asociarla con las comunidades y ministerios jesuitas.

Hay una oportunidad en denunciar tanto la falta de justicia económica como la falta de sensibilidad por el medio ambiente en las ciudades donde habitamos y tenemos influencia.

Hay una oportunidad en alcanzar a los “nadies” que desconfían de la Iglesia, y sin embargo tienen vínculos con la Compañía de Jesús y sus obras.

Existe la oportunidad de reavivar nuestra identidad religiosa y el compromiso con la diversidad en nuestras instituciones, al enfrentarnos a la fragmentación de las comunidades a través de sus diferencias políticas, económicas y filosóficas, ofreciendo oportunidades de diálogo.

Hay una oportunidad en examinar la forma en que vivimos y trabajamos, e iniciar una conversión en una Compañía de Jesús solicitada y necesitada por una Iglesia que hoy vive en esta nueva realidad.

El P. Sosa, junto con los panelistas, comenzó la visita de la Provincia Oeste de los EE.UU. plenamente consciente de los retos a los que se enfrenta la Provincia, pero lleno de ánimo y deseoso de abordar esos retos. ¡Y de cabeza!

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