Bañado Norte... es el nombre del barrio donde se encuentran la parroquia jesuita de la Sagrada Familia y sus diversas capillas. ¿Por qué un nombre que evoca la natación? No es ni una playa ni un lugar de veraneo. Es porque, por desgracia, cada año, durante meses, el barrio es víctima de inundaciones por el desbordamiento del río Paraguay. Así se lo explicaron al P. Arturo Sosa los miembros del equipo pastoral y otros miembros de la comunidad de la Capilla de San Vicente de Paúl durante su visita a su zona el 10 de noviembre.

Existen soluciones, pero implican complicaciones políticas para asegurar que se respeten los derechos de las familias que han vivido allí desde hace mucho tiempo. Como en otras partes del mundo, proyectos de desarrollo inmobiliario comercial - que incluyen el drenaje de la zona - están atrayendo el interés de la municipalidad. ¡Bastaría con desplazar a las personas a otro barrio! Pero ello no es la opción de respeto por la dignidad de los pobres que allí viven.

Después de ponerse a la escucha de los miembros de la comunidad que expresaban sus alegrías y tristezas sobre el trabajo pastoral y educativo que se está llevando a cabo a pesar de tantos obstáculos, el Padre General se tomó el tiempo de caminar por el barrio hasta un sitio de reciclaje, una fuente de ingresos para muchos habitantes de Bañado Norte.

El resto de su primer día intenso en suelo paraguayo transcurrió en la iglesia parroquial de la Sagrada Familia. Durante la merienda en la que participó, el Padre Sosa inicialmente dio la palabra a los líderes parroquiales presentes, personas de toda edad, muy comprometidas a todos los niveles de los servicios parroquiales. Una sorpresa: se insistió repetidas veces que la Compañía contribuya a una mayor estabilidad en la animación pastoral, permitiendo a los sacerdotes permanecer allí períodos más largos. El P. Sosa tomó nota de ese deseo - que es más un asunto del Provincial que del General, por supuesto -, pero aprovechó la oportunidad para poner de relieve que la continuidad depende ante todo de la estabilidad de los laicos implicados. Éstos juegan un papel clave; el sacerdote contribuye, pero ello no quiere decir que pueda liderar todos y cada uno de los proyectos.

El Padre General presidió la Misa parroquial. Su homilía, basada en los textos bíblicos del día, se centró sobre la fidelidad. Señaló que en nuestras vidas nos enfrentamos a situaciones que ponen a prueba nuestra fe y nuestra fidelidad en la fe: dificultades económicas, violencia, un sentimiento de impotencia ante la injusticia. Otros escenarios pueden prometer maravillas, hacer brillar espejismos, prometer ganancias financieras que no son necesariamente honestas, pero que en el fondo nos alejan de lo mejor de nosotros mismos. En todo esto, nuestro objetivo debe ser la fidelidad a nosotros mismos, a nuestra historia, a nuestra identidad, a nuestros valores. Se trata, en última instancia, de ser fieles a Dios y al compromiso de nuestro bautismo.

De hecho, añadió, si podemos ser fieles, es porque Dios nos ha sido fiel. Nos dio a su Hijo Jesús que fue fiel a su misión y supo afrontar pruebas terribles... Pero así, su vida - su muerte y resurrección - dio mucho fruto.

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