En mayo de 2019, durante su visita a las dos Provincias jesuitas de Polonia, el Padre Arturo Sosa, Superior General, se tomó el tiempo de visitar el sitio de Auschwitz-Birkenau. Ahora es un museo, más bien un espacio de memoria. Es un lugar que hace que cada ser humano sienta cómo la locura de la discriminación y el rechazo de la diferencia puede llevar a la inhumanidad. Campo de concentración, campo de trabajos forzados, caldera de exterminación. La barbarie reinó allí a mediados del siglo XX; todavía se manifiesta, desgraciadamente y a menudo de una manera más oculta, en nuestro tiempo.

Los compromisos de la Compañía de Jesús a favor de la reconciliación, el vínculo que la espiritualidad jesuita establece entre el servicio de la fe y la promoción de la justicia, las orientaciones propuestas a los jesuitas y a sus compañeros en la misión por las Preferencias Apostólicas Universales que abren senderos al compartir y al cuidado de las personas marginadas, todo esto forma el trasfondo de la lucha de los herederos de san Ignacio por la construcción de un mundo dónde se supere el desbarajuste del mal a través de la compasión y del don de sí mismo.

Nuestro colaborador Mikołaj Cempla pudo evocar en imágenes la visita del Padre Sosa; la hizo como una invitación a la meditación y a la oración.

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