Ha sido en medio de las tensiones sociales vividas en Hong Kong en julio que el Superior General de los jesuitas ha visitado este territorio chino, único en numerosos aspectos. Éste no es el lugar para analizar las reivindicaciones expresadas sobre todo por las generaciones jóvenes. Sólo cabe recordar que en junio, el gobierno de Hong Kong, vinculado al gobierno de Pekín, hizo público un nuevo reglamento que les permitiría a sospechosos, extraditarlos de Hong Kong a China continental para ser juzgados allí dentro del marco judicial chino. Muchos vieron en esto una peligrosa erosión de la ya limitada autonomía de Hong Kong respecto a Pekín. La consecuencia fueron manifestaciones importantes, a veces teñidas de violencia. Los jóvenes de Hong Kong expresan su deseo de libertad, mientras que sus padres o abuelos han visto la transición de territorio británico a China como un logro histórico. Las tensiones a veces se expresan fuertemente en las familias, como lo contaba un padre cuyo hijo menor está profundamente comprometido en el movimiento de protesta e incluso de desobediencia civil, mientras que el mayor es un oficial de policía.

Estas tensiones se reflejan, por lo tanto, en todos los estamentos de la sociedad y se hizo sentir incluso durante el encuentro del Padre General con los compañeros en la misión, es decir, los numerosos laicos que trabajan en las obras de la Compañía de Jesús en Hong Kong. El encuentro fue del tipo de las visitas que el Padre Sosa realiza en la mayoría de las Provincias. Los responsables presentaron sus actividades al mismo tiempo que el contexto específico de la sociedad de Hong Kong. Como sabemos, ésta le da gran importancia al dinero, la productividad y la eficiencia. La consecuencia, incluso para los alumnos de secundaria, es una atmósfera de estrés que no siempre deja espacio para las dimensiones espirituales. También en la vida ‘hongkonguesa’ se dan tensiones entre valores que no son fáciles de conciliar.

Las obras de la Compañía, al estar inmersas en dicho entorno social, intentan proponer caminos de interioridad y humanización. Algunas lo hacen para una amplia audiencia, una población que en su inmensa mayoría no son católicos. Éste es el caso de los dos principales colegios, Wah Yan Kowloon y Wah Yan Hong Kong. Otras proponen caminos espirituales específicamente ignacianos. Por ejemplo, la Comunidad de Vida Cristiana (CVX), los Ejercicios Espirituales de San Ignacio en una casa de retiros, y los servicios litúrgicos tradicionales como los de la Capilla de San Ignacio de Wah Yan Kowloon. Entre unas y otras, hay ofertas para los jóvenes, oportunidades para descubrir dimensiones poco conocidas de sus vidas y de su ser, las dimensiones de la interioridad. Magis-HK trabaja en este sentido con actividades en el Ricci Hall, especialmente orientadas a los estudiantes universitarios, los cuales - ellos también - están a menudo agotados por las exigencias de los programas académicos.

La reunión también brindó la oportunidad de discutir un tema sensible, el de las relaciones entre la Iglesia Católica y el gobierno chino. Los esfuerzos del Vaticano y del Papa Francisco para dulcificar las relaciones con Pekín no son percibidos positivamente por todos. Mientras que los jesuitas y la Compañía de Jesús expresan claramente su apoyo al deseo del Papa de hacer avanzar las cosas, de salir de una situación de lucha que ha cobrado víctimas en las distintas facciones, algunos de los participantes en la reunión expresaron sus dudas sobre la posibilidad de un diálogo real con las autoridades chinas.

Otro tema delicado fue el objeto de una profunda presentación por parte del profesor Anthony Lam del Holy Spirit Seminary en Hong Kong. Dibujó la curva de la evolución de la presencia católica en China. Aunque algunos pueden haber considerado su lectura demasiado severa y quizás pesimista, el hecho es que sus conclusiones - a menudo basados en datos estadísticos - muestran que la Iglesia Católica no consigue hacerse un lugar en China. El número de sacerdotes no está aumentando como se podría pensar y, más aún, el número de mujeres jóvenes que ingresan en las congregaciones religiosas ha disminuido drásticamente en los últimos diez años. Esta imagen debe dar a los católicos comprometidos, incluyendo a la Compañía de Jesús, alimento para la reflexión a fin de buscar un futuro más esperanzador para la Iglesia en China. Por ejemplo, el foco de atención se ha centrado tanto en la cuestión de la ordenación de los obispos y de la presencia de sacerdotes en las comunidades que las responsabilidades de los laicos se han quedado en el olvido. ¿No tienen ellos también una vocación al compromiso? ¿Un catolicismo muy marcado por el apego a las tradiciones, especialmente a las tradiciones litúrgicas, no está ahogando el espacio para otras expresiones de la fe? La espiritualidad ignaciana podría quizás dar respuesta a esos interrogantes.

La velada fue una oportunidad única para que el P. Arturo Sosa conociera el mundo jesuita de Hong Kong y, más ampliamente, una ventana abierta al mundo chino. Escuchó, recibió y procesó todos estos datos. Lo hizo con su inteligencia y con su corazón. Se comprende que, al final de una reunión que comenzó a las 5:30 de la tarde y terminó después de las 9 de la noche no tuviera discursos que pronunciar. Simplemente agradeció a los participantes por abrirle sus corazones, por aceptar compartir sus preocupaciones. Les animó a vivir las tensiones con confianza y esperanza, como lo había hecho Abrahán ante un futuro incierto, pero un futuro para el cual Dios le aseguró su presencia y apoyo.

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