San Alonso Rodríguez, hermano jesuita y santo de la Iglesia, es una figura francamente importante en la historia de la Compañía de Jesús. San Alonso, santo patrón de los hermanos jesuitas, a lo largo de la historia de la Compañía, por su ejemplo de sencillez de vida y dedicación a su trabajo, ha sido paradigma de la “santidad a través del servicio” que caracteriza la vocación de hermano. Bajo este foco 165 hermanos de la Conferencia Jesuita de Asia Meridional fueron convocados a celebrar el 400 aniversario de su muerte. Los hermanos compartieron su herencia común y buscaron promover los ministerios que dependen de la vocación del hermano en toda la India, mediante una serie de actividades dirigidas a apoyar su formación espiritual. Uno de los puntos culminantes del programa fue el encuentro que tuvieron con el Superior General, P. Arturo Sosa, el 7 de marzo en Pune.

Dirigiéndose a los hermanos, el P. General reafirmó la importancia de la vocación de hermano jesuita, trayendo a colación el decreto 7 de la Congregación General 34: “de alguna manera el hermano encarna la vida religiosa en su esencia, y es capaz de ilustrar ésta vida con particular claridad”. El P. Sosa continuó citando los numerosos ejemplos de hermanos jesuitas, tan diversos en su formación como en sus ministerios, que han desempeñado papeles cruciales en la Compañía de Jesús a lo largo de su existencia.

El Padre Sosa reconoció que la vocación de hermano no recibe la atención que merece. Afirmó que cuando los jesuitas hablamos de vocaciones, no ponemos suficiente énfasis en la promoción de la vocación de hermano. Tendemos a hablar primero del sacerdocio y sólo cuando nos encontramos con alguien que, por razones históricas o sociológicas, parece menos dotado a nivel intelectual, empezamos a pensar en una posible vocación de hermano. En la Compañía actual, los hermanos -al menos algunos de ellos- han perdido la esperanza y empiezan a pensar en que la vocación de hermano jesuita irá desapareciendo poco a poco. Sin embargo, puedo asegurarles, mis queridos hermanos, que a no ser que Dios en su providencia albergue otros designios, la Compañía cuenta en estos momentos con que la vocación de hermano permanecerá para siempre. Para subrayar la importancia de la vocación del hermano, el P. Sosa reveló que fueron los hermanos jesuitas de su escuela los que fueron la fuente de su vocación religiosa.

Después de la charla del P. General, el H. Siluvainathan, coordinador del año San Alonso, presentó a la asamblea un informe en el que se hacía elenco tanto de las alegrías que a los hermanos jesuitas ha supuesto su vocación, como de la decepción que ha sido para muchos no sentirse reconocidos plenamente como compañeros jesuitas. Mientras que la conciencia de la vocación de hermano ha mejorado con los años, parece pervivir todavía, con demasiada frecuencia, la idea de que el hermano es como un jesuita “incompleto”. Un jesuita que no reúne las condiciones necesarias para acceder al presbiterado.

Estas preocupaciones les fueron planteadas directamente al P. General durante una sesión de preguntas y respuestas en la que se le preguntó por qué la formación de los hermanos carece de los mismos fundamentos básicos y de la misma hoja de ruta que la de los jesuitas que se preparan para el presbiterado, y termina una vez acabado el Juniorado. El P. General prometió hacer llegar esta preocupación a los formadores de las diversas Conferencias de la Compañía y pidió a su nuevo Consejero General para la Formación, P. Mark Ravizza, que intentara dilucidar de qué recursos debería echar mano la Compañía para apoyar la vocación de hermano en esta dirección.

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