En su última Misa con los peregrinos del MAGIS en la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, el P. Arturo Sosa, SJ - Superior General de la Compañía de Jesús - envió un sencillo mensaje a mil jóvenes: "Están llamados a ser signo de los tiempos, esperanza de la Iglesia, unificadores en un mundo roto”. Continuando su visita centroamericana a Nicaragua, el P. Sosa llevó el mismo mensaje de esperanza y reconciliación a los jesuitas y a los laicos, en una serie de reuniones sobre los desafíos que enfrentan la Iglesia y la Compañía en el país. Escuchando a los jesuitas y laicos que han servido en Nicaragua durante décadas en 13 obras jesuitas, el P. Sosa oyó de primera mano relatos de una sociedad cansada de generaciones de pobreza, corrupción y promesas incumplidas.

El Padre General se enteró de cómo las instituciones jesuitas son regularmente vigiladas, amenazadas y reprimidas por las fuerzas militares y paramilitares respaldadas por el gobierno. Es sabido de todos que el P. Rector, José Ideáquez ha sido amenazado de muerte por su activa defensa, a nombre de la Iglesia, de jóvenes universitarios que por participar en las protestas contra el gobierno fueron encarcelados, reprimidos y aún asesinados. Medidas recientes del gobierno han decidido la reducción de más del 25% del apoyo económico que el país por Constitución debe darle a la UCA, cosa que pone en alto riesgo la financiación de los estudios de miles de estudiantes que provienen de sectores populares. Este fue un tema ampliamente analizado para discernir cómo enfrentar la crisis.

El P. General no sólo escuchó atentamente los relatos y análisis de todos aquellos que, de diversos modos, le hicieron una descripción de la situación del país. En sus palabras de aliento, dirigidas a los jesuitas al celebrar la Eucaristía con ellos, en la Residencia del Colegio Centroamérica, les señaló que, al igual que Jesús, “vale la pena correr riesgos” cuando lo que está en juego es la posibilidad de “hacer el bien y defender la vida”.

Así mismo, a los miembros de la familia ignaciana, reunidos en la Capilla del Colegio, los animó a “discernir cuidadosamente los espíritus presentes” en el contexto social y político del país, para “actuar como Jesús”, entregando lo mejor de sí para alabar a Dios, a través del servicio a las necesidades de los muchos necesitados. “Si realmente queremos contribuir a la reconciliación, debemos ser mensajeros de esperanza. Necesitamos, como pueblos, una inmensa esperanza para movilizarnos en la dirección de lo que ahora nos parece imposible, pero que es posible si nuestra fe en Dios se mantiene fuerte y profunda.”

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