Es fascinante ver las buenas obras que los jesuitas realizan alrededor del mundo cautivados por la alegría de la misión, con una actitud apasionada y celebrativa, porque los jesuitas están llamados a ver a Dios en TODAS las cosas. Eso significa que debemos ser capaces de encontrar nuestro camino a través de la alegría, la celebración y la pasión, como también en el miedo, la desesperanza y la desesperación. El P. Arturo Sosa, Superior General de la Compañía de Jesús, dedicó el sexto día de su visita a Filipinas a aquellos que viven en situaciones de angustia.

A 30 minutos de Cagayán de Oro, se encuentra el “Eco-pueblo”, construido sobre un terreno donado por la Universidad Xavier. Poblado por supervivientes del tifón Haiyan -que arrasó con las Visayas, desplazando a más de 6 millones de personas, destruyendo o dañando el 90% de todas las estructuras y donde perdieron la vida más de 6.300- la aldea fue levantada para acoger a las víctimas más vulnerables de la tormenta. El P. General escuchó sus historias de supervivencia y les dijo que podían contar con la Compañía para luchar siempre por la dignidad humana, especialmente en tiempos de oscuridad.

El P. General visitó el Seminario Teológico San Juan Vianney, fuente de cientos de sacerdotes y cuatro obispos, durante los 33 años que ha estado dirigido por los jesuitas. Al encontrarse con la comunidad de 3 jesuitas y 9 sacerdotes diocesanos, el P. General escuchó su inquietud por tener sólo 46 seminaristas en el proceso formativo. Como respuesta a esta inquietud el P. Sosa se dirigió a los seminaristas y les pidió que no se dejen guiar por el miedo a la disminución del número, sino que se motiven por el ministerio. Desafió a los seminaristas a estar cerca de la gente a las que sirven, y a “oler igual que sus ovejas”, proclamando el evangelio a través del testimonio de vida de servicio e integridad.

Al terminar su estancia en Mindanao, el P. Sosa regresó a la Universidad Xavier para reunirse con docenas de jesuitas y colegas laicos de toda la Isla. Los participantes expusieron sus inquietudes acerca de los desafíos de la educación, el diálogo interreligioso y el servicio ministerial a las comunidades indígenas. Por su parte, el P. General compartió sus preocupaciones sobre como los jesuitas viven el voto de pobreza, como cuidar a los jóvenes y a los vulnerables, además de luchar contra el clericalismo. Al final de la asamblea, varios colegas laicos expresaron su necesidad de inspiración, porque el apelo continuo del ámbito de la justicia y el desarrollo social y la justicia se hace desafiante y fatigoso.

Este cansancio, no solo es percibido por los laicos, sino también compartido por los jesuitas, y fue retomado en la homilía que el P. General dirigió a la asamblea durante la liturgia que siguió al encuentro. El P. Sosa hizo referencia a cada uno de los ministerios que realizan los jesuitas y les dijo que su trabajo no debía ser una universidad, ni una parroquia, ni un seminario, sino “universidades de la esperanza, parroquias de la esperanza y seminarios de la esperanza”. - Esa esperanza, continuó, "viene de dentro y no de fuera".

Rodeado de personas que han dedicado su vida al servicio, en una capilla construida con años de trabajo, representando las buenas obras de toda la Compañía, el P. General les recordó, a ellos y a nosotros, que en última instancia nuestra misión es encontrar la esperanza, cuidar la esperanza y compartirla con los que más la necesitan.