Las visitas del P. General aparecen, con frecuencia, plenas de manifestaciones de humildad, en que aparece rodeado de aquellos a los que somos enviados; de escenas de pobreza y sufrimiento que destrozan el corazón; de reuniones para celebrar la pasión compartida por el servicio de la fe; y ocasionalmente -cuando el Espíritu lo inspira- de momentos de sencillez, sin pompa ni protocolo. Son momentos en los que el P. General puede contemplar con toda transparencia, por la forma de llevar a cabo sus ministerios ordinarios, el compromiso de sus hermanos jesuitas con la misión que tienen encomendada.

El quinto día en Filipinas ha sido uno de esos días.

El P. Sosa comenzó las celebraciones de la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe bendiciendo la nueva capilla de la Escuela del Sagrado Corazón - Ateneo de Cebú. La impactante estructura, ideada por el internacionalmente reconocido diseñador y antiguo alumno de la Escuela del Sagrado Corazón Kenneth Cobonpue, es una combinación de cemento armado reforzado, acero y bambú que sostiene con firmeza la estructura del edificio, a la vez que le confiere un estilo ondulante, inspirado por el sinulog - la danza ritual filipina que simula el movimiento de la corriente de un río. Mientras se preparaba para la celebración litúrgica el P. General pudo hacerse cargo de todo el esfuerzo llevado a cabo para construir una capilla lo más acogedora y devota posible, con detalles tan típicamente filipinos como el tejado interior de bambú.

Rodeado de jesuitas, bienhechores y de personal de la Escuela del Sagrado Corazón, que trabajó con una dedicación exhaustiva para hacer realidad la capilla, el P. Sosa narró la historia de Juan Diego, el humilde indio a quien se apareció María, y pidió a los asistentes que tomaran conciencia de la invitación que Dios les hacía a ELLOS en este nuevo local de oración: ser acogedores de los jóvenes, defensores de los indefensos, embajadores del Señor. Hablando directamente a los que habían trabajado sin descanso para poner en pié la Capilla, el P. General les urgió a seguir construyendo, y a acoger en su corazón las palabras de Nuestra Señora a Juan Diego, "¿No soy yo aquí tu madre?” Con una bendición final a los reunidos, entre los que encontraba un estudiante vestido de Íñigo de Loyola, el P. Sosa se despidió.

Para el mediodía el P. General se encontraba ya en Cagayan de Oro, muy en el Sur de las Filipinas. Conocida como la “Ciudad de la Amistad de Oro” es el centro logístico de Mindanao en donde viven 400.000 católicos. Se dirigió a la Xavier University donde fue recibido por el Rector, el P. Roberto Yap, y una gran multitud de alumnos y profesores alineados a la entrada del campus para dar la bienvenida al P. Sosa.

En la residencia de los jesuitas del campus, el P. General pasó la tarde con los jesuitas de las comunidades de los alrededores de Davao. Escuchando a sus hermanos a lo largo de la tarde, el P. Sosa tuvo ocasión de recibir información de todo el espectro de ministerios de la Compañía en el sur: desde los que atienden parroquias y escuelas para indígenas en Bukidnon, una región montañosa al sudeste de la ciudad, a los que trabajan en las otras dos Universidades Jesuíticas en Mindanao, Ateneo de Davao y Ateneo de Zamboanga.

Tras una entrañable cena, seguida me muchas manifestaciones de alegría, el P. General se retiró. Le esperaba al día siguiente una jornada llena de actos oficiales, de visitas que requieren considerables desplazamientos y de reuniones de planificación apostólica. Al menos en este día, el P. General ha podido disfrutar de unos momentos de convivencia con esta “mínima Compañía de Jesús”, como decía el mismo Ignacio.