En 1521, el explorador Fernando Magallanes desembarcó en el sur de Filipinas, fue el primer europeo en pisar el archipiélago. Entregó una imagen de “Cristo como rey niño” al cacique local Rajah Humabon, quien le dio la bienvenida y a su cansada tripulación. Sería la última tierra que Magallanes descubriría para España, murió un mes más tarde a causa de un conflicto entre islas. Con todo, durante su breve estancia en Filipinas tuvieron lugar los primeros bautismos, las primeras Misas y las primeras conversiones al cristianismo.

Esa historia es la que llevó al P. General Arturo Sosa a Cebú en el cuarto día de su visita a Filipinas. Recibido por representantes de la Escuela del Sagrado Corazón-Ateneo de Cebú, la eminente escuela jesuita del sur de Filipinas, el Padre General fue acompañado a la Basílica Minore del Santo Niño, donde se dice que se encuentra la misma imagen que Magallanes regaló a Humabon. El P. Sosa fue recibido por el prior agustino P. Pacifico C. Nohara, Jr. quien acompañó al P. General y a su grupo a la capilla de Santo Niño para orar en silencio.

Más que una visita de cortesía, el P. Sosa vino a la Basílica, construida y restaurada continuamente por los Agustinos en los últimos tres siglos, para conocer la celebración nacional que va a tener lugar en 2021 para conmemorar los 500 años de cristianismo en las islas y para honrar la parte agustiniana de la historia de la Compañía de Jesús en las Filipinas. Fue un santo agustino, Pedro de Agurto, primer obispo de Cebú, quien invitó a los jesuitas a la isla en 1595.

El P. Sosa viajó al Santuario del Sagrado Corazón para encontrarse con un grupo de católicos chino-filipinos que forman parte de la parroquia establecida en 1952 por los jesuitas que huyeron de China durante la revolución comunista. Centrándose en el Sagrado Corazón como símbolo potente de la fe, el P. Sosa habló sobre su compromiso con la espiritualidad ignaciana y la misión. La celebración culminó con la bendición de una cápsula del tiempo para ser enterrada en el sitio de la recién renovada Casa de Retiros de San Pedro Faber.

Al caer la tarde, el P. Sosa se unió a la comunidad del Colegio del Sagrado Corazón para asistir a una misa presidida por el P. Ernesto Javier, jesuita de mayor antigüedad. Luego tuvo un encuentro con los jesuitas y colegas laicos reunidos para una celebración al estilo filipino. En medio de la comida tradicional, las risas bulliciosas y los cantos de los estudiantes, el P. General se encontró en medio del ‘sinulog’, una danza ritual que simula una fuerte corriente de agua de un río en honor del Santo Niño. Puede que no haya mejor alegoría para la historia del cristianismo y de los jesuitas en Filipinas que el ‘sinulog’: dos pasos adelante, uno atrás. Todos se mueven, ríen, sonríen, intentan ser parte del baile. El P. General participó sosteniendo en alto el Santo Niño mientras la danza ondulaba entre la multitud.