Los líderes indígenas de las Américas, tanto del Norte como del Sur, han encontrado una oportunidad para expresar sus puntos de vista sobre los problemas a los que se enfrentan en la defensa de sus tierras, sus culturas, sus derechos y sus formas de vida. En un escenario “paralelo”, pero en el corazón del sínodo especial sobre la Amazonía, que reúne en el Vaticano a obispos y a otros dirigentes de la gran región amazónica, la Conferencia Jesuita del Canadá y Estados Unidos ha organizado un foro de diálogo reuniendo un grupo muy plural. El acto se realizó en el Aula de la Curia general. Se trataba de un foro abierto a todos, con objeto apoyar los trabajos del Sínodo. Los jesuitas y sus colaboradores de Canadá y Estados Unidos deseaban hacerse eco de los deseos del Papa Francisco, que desde la publicación de su encíclica Laudato Si’, ha llamado la atención repetidamente sobre los problemas ambientales y humanos de esa región del mundo, tan central para el futuro del equilibrio ecológico del planeta, que es la Amazonía.

No es posible dar cumplida información aquí sobre las intervenciones de los siete panelistas. Pero he aquí algunas ideas centrales que dejaron huella en la mente y el corazón de los participantes.

Los cuatro primeros oradores procedían de pueblos indígenas, uno del Norte, Rodney Bordeaux, Lakota-Sioux de Dakota del Sur, donde los jesuitas trabajan desde hace mucho tiempo, y los otros tres de la Amazonía brasileña, Ednamar de Oliveira, Francisco Chagas y Dona Zenilda. Todos destacaron la importancia de la tierra y las luchas contra la pérdida de sus territorios a manos de empresas internacionales que explotan la Amazonía sin tener en cuenta los derechos y valores de los pueblos que han vivido allí desde siempre. Todos subrayaron la importancia de recibir apoyo en sus luchas, por parte de todos aquellos que tienen conciencia de la situación de injusticia que sus pueblos han padecido y siguen padeciendo. Con sus testimonios pusieron de relieve tantas cosas como tenemos en común, en el Norte y en el Sur, en una lucha que nos une por encima de las fronteras.

En el discurso de los ponentes aborígenes se escucharon con gran frecuencia referencias a Dios, y en particular al Dios Creador. Algunas de sus intervenciones incluyeron un momento de oración. Reconocían la participación positiva de la Iglesia Católica en la Amazonía, así como el importante papel desempeñado por el Papa Francisco al hacer posible que se escuche el grito de los pobres.

El segundo grupo de panelistas estaba formado por miembros de la Iglesia Católica: un jesuita del equipo itinerante amazónico, una monja objibwe canadiense y el Arzobispo de Regina (Saskatchewan, Canadá). En el espíritu de la Laudato Si’, se recordó que “lo que hacemos a la tierra, lo hacemos a las personas y lo que hacemos a las personas, lo hacemos al mismo tiempo a la tierra”. La Hermana Solomon habló sobre el proceso de reconciliación que se ha dado en Canadá entre los pueblos indígenas y los demás pueblos por medio del trabajo ecuménico. El jesuita Fernando López proclamaba que el Espíritu sopla en el corazón de las naciones indígenas y que esto le permite vivir la intuición ignaciana de que “Dios está en todo y todo está en Dios”. Su experiencia en el Amazonas le ha permitido entender cómo los ríos amazónicos unen a las personas, mientras que las fronteras las dividen. Mons. Don Bolen subrayó que la encíclica “ambiental” de Francisco nos invita a un profundo nivel de solidaridad. La Iglesia descubrirá nuevas formas de hablar de su historia y de proclamar el mensaje del Evangelio según vaya siendo capaz de aprender de la experiencia y sabiduría de los pueblos indígenas.

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