Aquí en la Curia General de los jesuitas en Roma, la vida ha dado un giro con la aparición del COVID-19.  Menos viajes, más trabajo de oficina. Menos reuniones cara a cara; más empleo de medios virtuales. El trabajo continúa y el gobierno de la Compañía sigue adelante. El Padre General se encuentra en su despacho a diario y, además de su horario normal, ha estado recibiendo las cuentas de conciencia de los miembros de la comunidad de la Curia.

Los gobiernos van aprendiendo a controlar la situación a partir de las experiencias de China, Corea e Italia. Las reacciones se han vuelto más rápidas y los preparativos que han sido realizados están teniendo mayor impacto. Nos preocupa el golpe para con los pobres. Los países y las personas ricas pueden permitirse la mejor atención médica, y eso que, aun en ellos, los recursos se ven limitados; ahora bien, cuánto más será imposible para los países con menos recursos. Si el virus no se detiene gracias a un esfuerzo global... son los pobres los que saldrán peor parados.

En Italia, el gobierno ha demostrado un buen liderazgo, esbozando un ideal visión de solidaridad y apelando al patriotismo de la población. La respuesta ha sido conmovedora y reconfortante. Así que hay esperanza, por el momento, a pesar de que el país está sometido a reglas muy estrictas. En el norte de Italia, sin embargo, la crisis perdura.

Algunos de ustedes nos han pedido que indiquemos cuántos jesuitas han sido afectados directamente por el virus en todo el mundo. A pesar que queremos ser transparentes, nuestra información se halla desperdigada y todo cambia a diario. También deseamos evitar que la atención se centre en nosotros, los jesuitas, en lugar de nuestra misión y del consuelo que intentamos impartir a los demás.

El economato general de la Compañía se halla monitoreando el impacto en relación con las inversiones y con nuestros recursos, tratando de planificar con antelación y ver qué consecuencias la crisis puede tener sobre nuestra capacidad de llegar a los demás apostólicamente. Un comité de crisis en la curia se reúne casi a diario para examinar las cuestiones internas y externas.

En medio de todo ello, hay mucho consuelo por descubrir y actos diarios de heroísmo que esta situación nos propone llamando a cada uno de nosotros de pequeñas y grandes formas. ¿Qué harían en esta situación San Luis Gonzaga y otros santos que lucharon contra la peste y la enfermedad? ¿Saldrían a las calles, para atender a los enfermos y a los sin techo? O, sabiendo lo que sabemos sobre cómo se propaga un virus, ¿encontrarían otras formas de hallarse presentes y aportar el consuelo de Cristo? Hay jesuitas que trabajan en hospitales usando toda la protección necesaria. Otros ofrecen acompañamiento por teléfono. Existen otras innumerables iniciativas y estamos creando una sección especial en nuestro sitio web para señalarlas. La Palabra de Dios debe ser predicada a tiempo y destiempo. Nuestra misión, desde la fundación de la Compañía de Jesús, es hacer exactamente eso, traer el consuelo, la esperanza y la sanación del Señor Resucitado.

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