El santo patrón de la Curia General de la Compañía es San Francisco Borja, tercer General de la Compañía (1565-1572). La capilla principal de la Curia lleva su nombre y es allí donde la comunidad de los jesuitas invita cada año a todos los que trabajan en la Curia a reunirse para la Eucaristía en la fiesta de Francisco Borja, todos los años, el 3 de octubre.

Este año, esta Misa significaba el inicio de una serie de actividades organizadas por la Comisión de Formación Ignaciana de la Curia. Se trata de una iniciativa que responde a la petición de la última Congregación General de ofrecer a los que colaboran en nuestra misión la oportunidad de conocer mejor la Compañía y, sobre todo, de familiarizarse con algunos aspectos de la espiritualidad ignaciana. Al final de la Misa del 3 de octubre, el P. Antoine Kerhuel, coordinador de la comisión, presentó brevemente el proyecto.

Durante las Eucaristías, a las que se invitará a los laicos, las homilías irán llamando la atención sobre diversos aspectos de nuestra espiritualidad. La comisión no limitará su “oferta” a celebraciones litúrgicas, sino que proyecta también presentar distintos aspectos de la cultura ignaciana y algunos recorridos espirituales. De hecho, los destinatarios de estas propuestas son sobre todo los laicos.

Este último día 3 de octubre, fue uno de los miembros de la comisión, el P. Fernando Mendoza, quien presidió la Eucaristía y pronunció la homilía. Señaló que Borja fue ante todo un laico. Casado y padre de familia numerosa, fue al morir su esposa cuando decidió unirse a la Compañía de Jesús. Es un ejemplo de alguien que, viviendo en el corazón del mundo, ha buscado y encontrado a Dios. De familia noble española, su orientación inicial fue hacia la carrera política y diplomática. Tras la muerte de su esposa, será admitido en la Compañía, pero en secreto, para poder seguir cumpliendo con sus deberes de padre hasta que sus hijos alcanzaran la mayoría de edad; un ejemplo de la flexibilidad que caracterizaba la forma de hacer de San Ignacio. Entonces se dirige a Roma y se convierte en uno de los principales colaboradores de Ignacio. El fundador de la Compañía alentará el crecimiento de su fe. A partir de ese momento, Francisco Borja tratará de compartir la riqueza espiritual recibida de Ignacio para inspirar a todas las comunidades de jesuitas y las obras de la Compañía.

Durante los pocos años de su generalato, dio un fuerte impulso misionero a la Compañía e insistió en la formación espiritual e intelectual de los jóvenes jesuitas. Esta es una de las características de la Compañía de Jesús que se ha mantenido a lo largo de los siglos. En nuestro tiempo, debemos focalizar nuestro interés en compartir las intuiciones ignacianas con muchos laicos, hombres y mujeres, comprometidos en la tarea de la promoción de la justicia, del servicio a la fe que abre el camino hacia Dios, del acompañamiento a los excluidos, del caminar con los jóvenes y del cuidado de nuestra “casa común”.

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