El Padre Arturo Sosa tuvo su primera homilía pública en Nepal, en Katmandú, el día después del Miércoles de Ceniza, en el marco de la celebración de los últimos  votos de dos jesuitas de la Región de Nepal: Roy Sebastian y Juel Kispotta.  Ofrecemos aquí una síntesis de sus palabras.

La palabra “selfie” está de moda hoy en día. La gente no para de hacer “selfies” con sus teléfonos móviles, de cargar sus fotos en sus cuentas de Facebook o WhatsApp y de esperar los correspondientes “likes”. Un “selfie” revela nuestro “yo” exterior. Sin embargo, cada uno de nosotros también tiene un “yo” interior. La Cuaresma es un tiempo para hacer “selfies” de nuestro interior y cargarlos en nuestras propias cuentas, para ver cuántos “likes” recibimos de Dios.

Estamos al comienzo de la Cuaresma que es una llamada a una experiencia en el desierto, donde todo es silencio y sólo Dios importa. Ayer impusimos sobre nuestras cabezas cenizas benditas, un gesto que refleja nuestra intención de descubrir la chispa y el fuego escondido en esas cenizas, y de abrazar a la vez con todo el corazón la llamada a la conversión y a la plenitud. En el Evangelio de hoy, Jesús nos presenta el coste que lleva consigo ser discípulo suyo. El sufrimiento y la abnegación constituyen su esencia.

La invitación de Jesús hoy es poderosa y sus palabras son directas y claras:

- Si alguien quiere venir conmigo, debe olvidarse de sí mismo, tomar su cruz cada día y seguirme.

- Porque quien quiera salvar su propia vida la perderá, pero quien pierda su vida por mi causa la salvará.

- ¿De qué sirve entonces que un hombre gane el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?

La primera lectura nos coloca ante dos opciones: preservar nuestra vida u olvidarnos de lo nuestro y dejarnos morir a nosotros mismos: experimentar la muerte o la vida verdadera, la vida en plenitud, que Jesús desea para cada uno de nosotros (Juan 10, 10). Cada uno de nosotros busca instintivamente preservar su vida. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene también el deseo interior de progresar espiritualmente y acercarse a Dios. La disyuntiva que se nos ofrece es ser egocéntricos o centrados en Dios. El egocentrismo trae “muerte”, la cercanía a Dios “vida”. Las palabras y la invitación de Jesús en el Evangelio de hoy son una llamada a la conversión, a tomar contacto con la “vida verdadera”. Esta llamada es contracultural y está lejos de lo que el mundo honra, alaba, desea y defiende. Sobre todo hoy. Morir para sí mismo no es agradable; lejos de ello, es doloroso. Sin embargo, no hay crecimiento sin dolor.

La cruz de la que habla Jesús no es la que nosotros generamos con nuestra insensibilidad, nuestras locuras, nuestros propios fallos a la hora de responder a nuestra vocación, nuestro aislamiento de la realidad y nuestro apego a los privilegios. La cruz con la que Jesús nos invita a cargar son las pruebas, los insultos, los reproches y las heridas que encontraremos cuando nos lanzamos a recorrer el mundo con el talante de Jesús, y a afrontar los desafíos de vivir hoy el Evangelio.

La elección es clara pero no fácil. Nos sentimos desgarrados por atracciones en direcciones opuestas. Necesitamos convertirnos. La primera lectura es una invitación a discernir entre lo que nos trae vida y lo que trae muerte. El discernimiento es una de las características esenciales de nuestra vida como jesuitas y tiene que estar presente en toda conversión. El discernimiento es una forma de escuchar nuestros deseos más profundos y los deseos que Dios tiene para cada uno de nosotros aquí y ahora. Se nos invita no sólo a elegir la “vida”, sino también a ayudar a otros en el camino que lleva a la vida.

En cuanto a la situación aquí en Nepal, estamos llamados a discernir las obras en las que estamos comprometidos de forma que llevemos la vida a aquellos que están sufriendo o padeciendo la agonía de la muerte. Hoy en día, la auto-preservación personal, étnica, política y económica ha empujado a millones de personas a las regiones periféricas de la sociedad, dejándolas vulnerables, excluidas y empobrecidas. El devastador terremoto de abril de 2015 dejó a muchos nepaleses sin hogar y a muchos niños huérfanos y vulnerables. A muchos de los trabajadores tribales de las “plantaciones de té”, que nacieron y continúan viviendo en Nepal, no se les reconoce la ciudadanía nepalesa.

La afirmación de la identidad étnica y religiosa va en aumento en Nepal. En algunas pocas ocasiones, Nepal ha experimentado disturbios debido a las intolerancias étnicas y religiosas. A pesar de que Nepal ha sido el hogar de grandes religiones, culturas y tradiciones, las generaciones más jóvenes se están alejando de Dios. El materialismo ha eclipsado la espiritualidad en estas generaciones, dejando atrás un vacío enorme. La corrupción está casi institucionalizada. Estas son algunas de las realidades concretas que nos desafían y debemos abordar los llamados a trabajar en Nepal.

Esperamos que una reflexión profunda sobre las cuatro PAU (Preferencias Apostólicas Universales) que el Santo Padre ha confirmado y ha hecho misión a la Compañía, nos ayude a discernir y nos lleve a la muy necesaria conversión individual, comunitaria e institucional que permita que elijamos lo que más favorezca la promoción del Reino, en el contexto de las actuales realidades socioeconómicas y políticas del país.

Etiquetas: Padre General JCSA