Homilía del Padre General en la Eucaristía del viernes 5 de abril, en Homs
(con los jesuitas presentes en Siria)

Queridos hermanos:

Al reunirnos hoy, como jesuitas, en torno a la Eucaristía, en el lugar en el que Frans vivió durante tantos años, y donde entregó su vida, celebramos, tanto su muerte, cuanto nuestra fe en que él está verdaderamente vivo.

En esta Eucaristía, recordamos, en primer lugar su vida. Aquí, en Homs, donde anduvo, “haciendo el bien”, a lo largo de 30 años, (cerca de 50 en Siria). Tanta gente, tal vez mi­les, se beneficiaron de su orientación, de su capacidad como psicoanalista, de su cuidado de los más pequeños, de los impedidos, de los excluidos. Recordamos hoy su habilidad para aliviar a débiles y cansados, y su capacidad de transmitir esperanza.

Nos reunimos en torno a la mesa Eucarística para partir y compartir el pan. A lo largo de los dos últimos años de su vida, cuando todo su entorno estaba sitiado, la primera preocupación de Frans era asegurar el pan que pudiera compartir con los pocos que habían quedado atrás. Literalmente les aportaba el “pan de vida”. Él, con frecuencia, lo hacía a expensas de su propia supervivencia. ¡Él habría podido, tantas veces, escapar de este infierno en la tierra! Sin embargo, libre y voluntariamente, escogió mostrar su solidaridad, con cada uno de los más pequeños, a los que consideraba hermanas y hermanos, negándose a abandonar a su suerte a cualquiera de ellos.

Finalmente, la Eucaristía, para cada uno de nosotros, como discípulos y compañeros de Jesús, es esencialmente una celebración. Frans vivió este sentido de celebración hasta el mismo final, aun en los peores momentos de la guerra. Invitó también a familias musulmanas que vivían en su misma casa con él, a celebrar su fe y esperanza. Reconoció, en los pequeños gestos de solidaridad de cada día, la posibilidad de superar la desesperación y prometer su ayuda para la recuperación. Vivió los últimos dos años de su vida en un contexto pascual, un paso de la división a la reconciliación, de adversidad a fraternidad, de la muerte a la vida.

La Eucaristía es el memorial de la vida de Cristo, un compartir su cuerpo y celebrar su Pascua. Esto es sorprendentemente actualizado en aquellos discípulos, que, como Frans van der Lugt, incorporaron tan profundamente esta fe.

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