Dentro de esta celebración vamos a ser testigos de los últimos votos de los Padres Hrvoje y Mate, y del Hermano Ivan, por los que se van a incorporar definitivamente a la Compañía de Jesús.

Lo celebramos en esta Basílica dedicada al Sagrado Corazón de Jesús. Es difícil imaginar un lugar mejor, porque los votos de castidad, pobreza y obediencia no pueden ser comprendidos y cumplidos fielmente, sin referencia al misterio del Corazón de Dios, es decir, sin referencia al misterio del amor de Dios.

Las lecturas de hoy, que nos llevan, a través de la Cuaresma, a la celebración de la Resurrección del Señor, nos muestran dos imágenes del amor de Dios: que no se desanima por la debilidad o el pecado, ni siquiera por el pecado, a veces terrible, del hombre; y que necesita personas generosas para realizar su plan para toda la humanidad.

La primera imagen es la historia de los hijos de Israel, los padres del pueblo que Dios escogió para darle su bendición. Esta no es una historia de gente ideal. El amor del padre se convierte en un motivo de celos, que ciega y destruye los lazos de hermandad. Esta no es una historia lejana, porque, desafortunadamente, en muchas de nuestras familias podemos experimentar tanto el amor como la tragedia causada por los celos y el pecado.

Dios no abandona a los hijos de Israel. De una manera misteriosa, a través de José, de quien se deshicieron vendiéndolo a Egipto, Dios prepara un misterioso plan a través del cual salvará a toda su familia del hambre y reconciliará a los hermanos en conflicto. Las primeras generaciones de cristianos reconocieron rápidamente en la persona de José el egipcio, a la figura de Jesús, el Hijo de Dios ofrecido para reconciliarnos consigo mismo, con nuestros hermanos y con el mundo entero.

La diferencia entre José y Jesús es que Jesús se ofreció voluntariamente para entregar su vida por nuestra reconciliación con Dios y con el mundo.

Hrvoje, Mate e Ivan, que hacen sus últimos votos en la Compañía de Jesús hoy, los hacen, - ofreciendo sus vidas tras las huellas de Jesús -, para unirse a la gran obra de reconciliación entre el hombre y Dios, entre los hombres entre sí y con toda la creación. Hacen sus últimos votos para unirse a la obra del amor de Dios que los conmovió y les inspiró su generosidad. ¿Qué os permite ser fieles a vuestros votos religiosos que prometéis hoy? Sólo la constante renovación y perseverancia en este primer amor que viene del corazón de Dios mismo, os permite cumplir verdaderamente vuestros votos religiosos.

¿Cómo explicar esta renuncia voluntaria al matrimonio, a todas las relaciones exclusivas, al derecho a poseer, y a disponer de uno mismo, que no siendo un ofrecimiento natural, tampoco es forzado? ¿De dónde puede venir la motivación para renunciar a un amor matrimonial y familiar tan bello, al derecho a poseer y a disponer de uno mismo? En realidad, ¿no estamos nosotros mismos luchando tantas veces por todos esos valores, y con razón?

No hay otra explicación que ésta: es la respuesta al amor de Dios, que nos ofreció a su Hijo, quien nos lleva sobre sus hombros, el que nos enseña a caminar y nos conmueve.

Es una expresión gozosa del amor de Dios, es el mismo corazón de Dios lo que nos provoca un gran deseo de proclamarlo con la vida, no sólo con palabras. Proclamarlo a todos, puro, sin nuestras propias limitaciones; y a través de medios pobres, para que su riqueza sea más visible; obediente, es decir, dejándose transformar por este amor.

Queridos Hrvoje, Mate e Ivan, finalmente, quiero desearos siempre que seáis fieles a este amor de Dios, que os ha traído, aquí hoy, con lazos humanos, lazos de amor.

Que nunca sucumbáis a la tentación de reducir estos votos a guardar mandamientos y normas. La castidad no debe ser nunca una mera abstinencia sexual, sino una proclamación del amor puro de Dios, no de vosotros mismos. La pobreza no ha de convertirse sólo en una austeridad en el nivel de vida, sino que ha de ser una confianza en el poder de Dios y un abandono a su amor. Tampoco la obediencia es sólo un compromiso, sino una transformación del corazón siguiendo el modelo del Corazón de Cristo.

Amén

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