A los estudiantes y personal de JDV – Escuela de Filosofía y Teología, Pune, India

Lecturas: Joel 2:12-18; Salmo 51:3-6, 12-14, 17; 2 Corintios 5:20 – 6:2; Mt 6:1-6, 16-18

Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo,

Hoy, Miércoles de Ceniza, comenzamos el tiempo santo de la Cuaresma. La palabra “Cuaresma” nos trae a la mente repetidas y tristes imágenes de ayuno, penitencia, abstinencia, ornamentos morados, prohibición del “Aleluya” y el “Gloria”… Cosas que nos hacen reacios a comenzar esta etapa del año aparentemente plana y deprimente; esperamos, en cierto modo, que esta temporada termine lo antes posible para poder reanudar la vida tranquila de la normalidad. Pero si reflexionamos detenidamente sobre el tono de la liturgia de hoy y sus lecturas, es posible que cambiemos nuestra perspectiva y la disposición con que afrontamos estos 40 días de Cuaresma.

Llamo su atención sobre una de las primeras líneas del primer prefacio de Cuaresma, que dice así: “Cada año concedes a tus fieles el don de poder esperar las sagradas fiestas de la Pascua con la alegría de un espíritu purificado”. Dos palabras que llaman la atención: don y alegría. La Cuaresma es un regalo que Dios nos hace, y la Cuaresma debe llenarnos de gran gozo - el gozo de volver a Dios - el Dios que nos llena de alegría, nos reconstruye y nos reconcilia Consigo, con todos sus hijos, y con todas sus criaturas.

La primera lectura del Profeta Joel contiene una cariñosa invitación a volver sobre nuestros pasos, alejándonos de caminos errados para volver a Dios. “Vuelve a mí con todo tu corazón...” Dios me invita a mí, e invita a todos ustedes a volver a Él “con todo nuestro corazón”, es decir, con la totalidad de nuestro ser. ¡Qué hermoso volver a nuestro Dios del Amor, nuestro misericordioso Abba, con todo nuestro corazón! La lectura continúa diciendo: “Dios es todo ternura y compasión, lento a la ira, rico en misericordia y dispuesto a ceder...” Sí, espero y pido al Señor que podamos experimentar el amor tierno y la compasión ilimitada de Dios.

La segunda lectura, tomada de la segunda carta de Pablo a los Corintios, supone otra invitación a convertirnos en agentes de reconciliación en este mundo roto de hoy. Es precisamente a esta misión a la que el Dios del Amor nos llama - a nosotros, jesuitas, y todos nuestros colaboradores, estudiantes, bienhechores y amigos -ésta es la convicción que desea inculcarnos y el compromiso que nos propone. Aquello que expresa el decreto 1º de la Congregación General 36, cuando convoca a todos a ser: “Compañeros en una misión de reconciliación y justicia”. Pablo, consciente de su propio pecado y de las ingentes gracias recibidas, escribe: “Somos embajadores de Cristo, es como si Dios hablase por nosotros. Por el Mesías os suplicamos: Dejaos reconciliar con Dios”. Pablo es un hombre que arde en aras de una misión. Dice: “Mira, ahora es el tiempo oportuno; mira, ahora es el día de la salvación”. No caben aplazamientos.

En el pasaje del evangelio (según Mateo), Jesús destaca lo que debemos hacer ahora, y ser, ¡ahora! Parece resumir lo que el Profeta Joel y el Apóstol Pablo nos aconsejaban ser y hacer. Jesús, concreto y práctico, sugiere tres disciplinas espirituales, que ustedes, en la India, llaman “sadhanas”: la oración, el ayuno y la limosna. ¿Qué piden de nosotros estas tres cosas?

La oración, la contemplación, la meditación y la Eucaristía nos llevan, antes que nada, a la reconciliación con Dios. En segundo lugar, la limosna llama nuestra atención sobre los “pobres”, los millones de nuestros hermanos y hermanas que luchan por sobrevivir en este mundo nuestro. La verdadera limosna significa no sólo dar generosamente lo que “tenemos”, sino también lo que “somos”, es decir, nos exige el don de nosotros mismos. Nos reconcilia con toda la humanidad. El ayuno, por fin, va creando en nosotros conciencia de la generosidad de Dios a través de los dones de la naturaleza. Es privarse voluntariamente de comida y desprenderse de comodidades y bienes de los que tanto dependemos. El ayuno puede ayudarnos a una personal reconciliación con la madre tierra (la creación) y con todas las criaturas de Dios.

Al comenzar este tiempo de Cuaresma, no podemos olvidar estos tres actos de amor. Hay que luchar por la triple reconciliación - con Dios, con los demás y con la naturaleza. Dios nos haga conscientes del constante recordatorio del Papa Francisco, cuando insiste en que nuestro Dios es un Dios de misericordia. Así, pues, rezando la oración de un arrepentido rey David, en el salmo de hoy, “crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme”, volvámonos a Dios con el nuestro corazón lleno de gozo. Que el tiempo de Cuaresma sea para nosotros un tiempo de gracia y reconciliación, que traiga alegría y paz a cuántos se relacionen con nosotros.

Es para mí una ocasión de gran satisfacción poder comenzar esta temporada de Cuaresma aquí, en JDV - Jnana Deepa Vidyapeeth - la Academia ‘Luz del Conocimiento’. Mi oración por vosotros, “compañeros de Cristo en una misión de reconciliación y justicia”, es que continuéis siendo ‘luces’ en medio de la oscuridad del egoísmo y del pecado. Que ese ‘conocimiento’ que pretendemos sea iluminador y fortalecedor para todos.

Termino con esa hermosa oración de los Upanishads:

“Oh Dios, guíanos de la falsedad a la verdad;
guíanos de las tinieblas a la luz;
guíanos de la muerte a la vida eterna,
Amén.”

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