El domingo 2 de diciembre se celebró en la Iglesia del Gesù una Eucaristía con ocasión de los 50 Años del Colegio Internacional del Gesù, a la cual se unieron jesuitas y amigos del Colegio. La celebración fue presidida por el P. Juan Antonio Guerrero, Delegado de la DIR, la homilía estuvo a cargo del P. Luis Orlando Torres, rector del Colegio y la animación musical y litúrgica a cargo del Coro del Colegio, quienes interpretaron melodías en varios idiomas y de distintas partes del mundo.

Las palabras del P. Torres se centraron en la esperanza. En efecto, ella nos revela la posibilidad de esperar sin temor a quedar desilusionados porque nuestra esperanza está fundada en el mismo Jesucristo. Sin embargo, no hay otro modo de esperar que en el amor, continuó el P. Rector. Por eso, citando las palabras del P. Kolvenbach dirigidas al mismo Colegio, puntualizó la importancia del apostolado como una experiencia de amor, del mismo amor que Cristo tiene por cada hombre, porque solo el amor lleva a término la esperanza.

Sin lugar a dudas, éste amor es un proceso, recordó el P. Rector. Retomando la expresión ignaciana “aprovechar”, tan importante tanto en las Constituciones como en los Ejercicios Espirituales, el Diario Espiritual y la Autobiografía, invitó a los asistentes a alzar la mirada (Lc. 21,25) para ver hasta dónde el camino del amor nos puede llevar:

“Progresar se relaciona con un proceso de crecimiento y es así como Ignacio comprende la vida de un jesuita, un continuo ‘aprovechar’ en la vía hacia el Señor. Aquello que ilumina la vida espiritual de un jesuita (lo podemos decir también de la vida espiritual de cada cristiano) ilumina nuestra misión apostólica: un continuo progresar en el amor que tiene como frutos la justicia, la reconciliación y la paz”.

El Colegio del Gesù quiere acompañar ésta esperanza en el proceso de formación de sus escolares. En efecto, la diversidad cultural exige tener una “especial estima por la caridad” (en palabras del P. Arrupe), pues solo ella hace posible “progresar”, esto es, esperar siempre del otro, confiar que es posible una comunidad internacional aun cuando en el mundo se levantan las banderas de los nacionalismos. Ésta sensibilidad transforma el corazón, pues como concluyó el P. Rector, no solo se ocupa de aquello que preocupa al propio horizonte cultural, sino tienen también un lugar las preocupaciones y los sufrimientos humanos de las personas de otras culturas.

Como fruto del agradecimiento del Colegio a su fundador, el P. Delegado dirigió una procesión hacia la tumba del P. Arrupe (en camino a su beatificación) delante de la cual oraron los concelebrantes la conocida meditación “Señor, enséñanos tu modo”.

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