Roma, Iglesia del Gesù, el 3 de noviembre de 2018

Queridos hermanos y hermanas.

Acompañamos a Dominik y Fabricio en su incorporación definitiva en la Compañía de Jesús, un día entre la Fiesta de Todos los Santos (el 1º de noviembre) y la de Todos los Santos de la Compañía de Jesús que celebraremos el lunes. Ése día además hacemos memoria del Beato Rupert Mayer, jesuita alemán, cercano a las necesidades de los pobres y de los migrantes, capellán militar durante la I Guerra Mundial cuando perdió una pierna y fue encarcelado por su oposición radical al nacismo-fascismo en el campo de Sachsenhausen durante la II Guerra Mundial.

La XV Asamblea del Síndo de Obispos dedicada a la “Juventud, fe y discernimiento vocacional” concluyó su documento final con una llamada a la santidad. En el No. 165 se lee así: Todas las vocaciones, por distintas que sean, se reúnen en una única y universal llamada a la santidad, que al fin y al cabo no puede ser otra cosa que la realización de aquella llamada a la alegría del amor que resuena en el corazón de cada joven.  Efectivamente sólo a partir de una única vocación a la santidad se pueden articular las distintas formas de vida, sabiendo que Dios “nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada (Francisco, Gaudete et exsultate, n. 1).  La santidad encuentra su fuente inagotable en el Padre que a través de su Espíritu nos envía a Jesús, el “santo de Dios” (Mc 1,24) que ha venido a estar en medio de nosotros para hacernos santos por medio de la amistad con Él, que trae alegría y paz en nuestra vida.

Dominik y Fabrizio, como Rupert Mayer en su tiempo, han sido tocados por el amor de Dios, invitados a una amistad con Jesús y a escoger una vida coherente, con sentido, libre de cualquier mediocridad.  Ésta es la misma experiencia que hace proclamar a San Pablo para mí el vivir es Cristo. El encuentro con Jesús nos toma en un modo tal que nuestra vida se vuelve un camino hacia la felicidad.

El camino a la santidad no se hace cada uno por aparte ni tampoco para sí mismo, antes bien solo se puede hacerlo acompañados, es decir, con otros y para el servicio de los demás.  Vivimos aquella tensión del Apóstol Pablo entre el deseo de estar completamente –solo y para siempre- con Cristo y el trabajo de hacerlo conocer al mayor número de personas posible.  El camino de la santidad es aquel mismo de la reconciliación y de la justicia tal como se expresa en las Bienaventuranzas, que bien podemos considerar como el mapa del camino hacia la santidad.  La felicidad la alcanzan los que son pobres en espíritu, de aquellos que lloran a causa de la desigualdad o de la violencia, de los que tienen hambre y sed de justicia, de los misericordiosos, de los perseguidos por la causa del Señor.

El camino a la santidad conduce a la comunión entre seres humanos de cualquier condición y con la creación, al servicio de la vida de todos, ahora y en el futuro, así como con la Trinidad fuente de todo bien y salvación.  Es un camino que nos porta, entonces, a la Iglesia, a la comunidad de creyentes reunida alrededor de la Palabra y de la Mesa del Señor, invitada a caminar juntos para hacer presente la Buena Noticia en cada rincón de la vida y de la historia humana.

La Compañía de Jesús, como se lee en la Fórmula del Instituto de 1550, es una vía para ir hacia Dios, fundada principalmente para emplearse en la defensa y propagación de la fe y en el provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana. Es también una vía que se hace juntos, como compañeros conscientes de la debilidad personal, como del hecho de ser pecadores perdonados y llamados a ponernos juntos con el Señor y a entregarnos completamente en el servicio de la fe, la promoción de la justicia y el diálogo interreligioso e intercultural.

Ni siquiera la Compañía de Jesús hace camino ella sola sino lo hace como parte de una comunidad de seguidores de Cristo, es decir, en la Iglesia y colaborando del mejor modo posible en la misión que le ha sido confiada por Cristo crucificado-resucitado. Para garantizar la total dedicación de la Compañía de Jesús y de cada uno de sus miembros a la misión de la Iglesia viene instituido un vínculo aún más cercano con el Romano Pontífice. Dice la Fórmula del Instituto, Todos los que emitieren la profesión en esta Compañía tengan presente, no sólo al principio, sino durante toda su vida, que esta Compañía y todos los que en ella hacen la profesión militan para Dios, bajo la fiel obediencia de nuestro santísimo señor el Papa Paulo III, y de los otros Romanos Pontífices, sus sucesores. (…) Además del vínculo común de los tres votos, se obliguen con voto especial a cumplir todo lo que el actual Romano Pontífice y sus sucesores nos mandaren respecto al provecho de las almas y propagación de la fe, y a ir inmediatamente, en cuanto estará de nuestra parte, sin tergiversaciones ni excusas, a cualquier parte del mundo adonde nos quieran enviar.

Sin duda, es un camino hermoso, como podemos contemplarlo en los Evangelios… pero es también un camino largo y difícil, que exige de hombres sobre todo humildes y prudentes en Cristo, como los que fueron invitados al banquete de la parábola del Evangelio que, al llegar, se pusieron en el último puesto esperando sea el Señor quien los invite a seguir adelante, es decir, sea Él quien diga el lugar que deben ocupar.

Queridos Dominik y Frabrizio, bienvidos una vez más a éste grupo de compañeros de Jesús que quiere servir a la Iglesia con todas sus energías y con los dones que nos ha regalado el Espíritu Santo. Ustedes son algunos de estos dones y agradecemos al Señor por su vocación y su disponibilidad para seguirlo con nosotros por el resto de nuestra vida.  Estamos de verdad contentos de acogerlos para caminar juntos por el camino de la santidad. En el texto antes mencionado del Sínodo se dice también: Existe un lenguaje que todos los hombres y mujeres de cada tiempo, lugar y cultura pueden comprender porque les es inmediato y luminoso: es el lenguaje de la santidad (No. 166).  Pedimos junto con Ustedes por todos los miembros de la Compañía, como también por todos los compañeros y compañeras de esta misión, para poder apropiarnos del lenguaje de la santidad y comunicar así la alegría de la liberación en Cristo.

Que Nuestra Señora del Camino sea su compañera permanente en su camino como jesuitas y sea Ella misma quien los ponga con su Hijo para estar siempre con Él, en el compromiso de llevar a cabo su misma misión.

[Versión original - italiano]

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