El corazón de la visita del Padre General a la Región de Kohima es la celebración del 50º aniversario de la creación de la Región. Después de bendecir la estela conmemorativa del jubileo, el Padre Arturo Sosa presidió la Eucaristía a la Loyola School en Jokhama. Una asamblea de unos 700 amigos, estudiantes, padres, ex-alumnos y familiares de la Compañía acompañó a los jesuitas de la región para esta ocasión festiva. El tema de toda la visita del Padre General a la región es: Leer el pasado para escribir el futuro. Aquí están unos extractos de su homilía del Jubileo.

Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo,

Nos reunimos hoy para esta Eucaristía de acción de gracias en la auspiciosa ocasión del Jubileo de Oro de la Región jesuita de Kohima, para agradecer y alabar a Dios por su amorosa presencia y su constante intervención en la historia colectiva de esta Región en los últimos cincuenta años. En este día del Jubileo, las palabras del Papa Francisco vienen a mi mente: “Revisa el pasado con gratitud, vive el presente con pasión y abraza el futuro con esperanza.”

Esta comunidad reunida para la celebración hoy en día representa a las numerosas comunidades de fieles de todos los centros e instituciones de la Región de Kohima. Contemplamos con gratitud las maravillosas formas en que Dios ha concedido a los fieles de esta Región un crecimiento constante y continuo en la fe, así como en número, en las últimas cinco décadas. (...)

La agraciada historia de la Región de Kohima de los jesuitas refleja el carácter misionero esencial de la Compañía de Jesús. Nuestro Santo Padre el Papa Francisco, dirigiéndose a la Congregación General de los jesuitas en 2016, nos desafió con las palabras de nuestro fundador San Ignacio de Loyola: “pensar y vivir en cualquier parte del mundo donde haya esperanza de un mayor servicio de Dios y ayuda a las almas”. San Francisco Javier, el primer misionero jesuita que vino a la India, es nuestro modelo inspirador. Ignacio envió a Francisco Javier a la India con las palabras, “Id, inflamad todas las cosas”.

Con este espíritu, los jesuitas vinieron de Karnataka a esta tierra hace 50 años. Con el mismo fuego, los jesuitas de hoy también se han movido constantemente, respondiendo a la llamada de la gente y a los lugares en los que han discernido una mayor necesidad. Entregaron a las diócesis los centros parroquiales y las instituciones que ya estaban suficientemente bien establecidos, para poder pasar libremente a las nuevas fronteras apostólicas, donde discernían que la necesidad era mayor.

Este constante movimiento hacia adelante y hacia afuera es en fidelidad al mandato misionero del Señor de ir y hacer discípulos de todas las naciones, de predicar y enseñar todo lo que nos ha mandado. Seguimos escuchando el llamado del Señor a sus apóstoles, “Rema mar adentro”, dejando lo conocido y lo familiar, aventurándose en territorio desconocido. La vida y la misión de los jesuitas es un viaje, para estar siempre en movimiento donde el Espíritu nos lleva. Como nuestro Fundador San Ignacio de Loyola, los jesuitas tienen el reto de “nunca estar satisfechos con lo establecido, lo conocido, lo probado, lo ya existente. Nos sentimos constantemente impulsados a descubrir, redefinir y alcanzar el “más”, - buscando la Mayor Gloria de Dios, como nos recuerda el lema jesuita. Para nosotros, las fronteras y los límites no son obstáculos o términos, sino nuevos desafíos que encarar, nuevas oportunidades por las que alegrarse. En efecto, lo nuestro es una santa audacia, ‘una cierta agresividad apostólica’.” (GC 34, D26) (...)

En la lectura de hoy del Libro del Levítico, escuchamos: “Debes contar siete semanas de siete años... cuarenta y nueve años... Declararás sagrado el año cincuenta... Este será un jubileo para ti”. Revisando los últimos cuarenta y nueve años, nos damos cuenta de que casi cada siete años los jesuitas se han lanzado a un nuevo alcance. Invariablemente eligieron ir a remotos pueblos del interior en las colinas y valles de estas montañas del bajo Himalaya, donde otros no habían ido. Y hoy, en este 50º año, se pueden contar las siete veces siete años en que los hijos de Ignacio se han trasladado a los siete estados del noreste de la India, y pueden con razón “declarar este 50º año ‘sagrado’,... un año de jubileo para ustedes”.

Con Pablo puedo decirles a todos ustedes, queridos hermanos y hermanas: “Doy gracias a mi Dios cada vez que pienso en ustedes; y cada vez que rezo por todos ustedes, rezo con alegría, recordando cómo han ayudado a difundir el Evangelio desde el día en que lo escucharon por primera vez hasta el presente”. (Fil 1: 3-5)

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