¿Qué lugar ocupa la fe en una sociedad altamente secularizada? ¿Tiene hoy día la Iglesia la católica un papel más allá del cultual? En la Universidad de Zúrich, el Padre General participó en una mesa redonda sobre este tipo de cuestiones ante una audiencia que reflexionaba sobre el papel cultural de la religión y el elemento de estabilidad que puede aportar a la sociedad. El P. Arturo Sosa hizo las observaciones que siguen.

¿Qué significa ser cristiano hoy? ¿Hacia dónde se dirige nuestra Iglesia? ¿Cómo encontrar a Dios en estos tiempos cada vez más secularizados? ¿Puede nuestra fe hablar todavía a los jóvenes? ¿Dónde hallar esperanza? Para abordar estas cuestiones, necesitamos no sólo conocimiento, sino SABIDURÍA.

En el libro de la Sabiduría en la Biblia leemos: Porque ella [la Sabiduría] es un reflejo de la luz eterna, un espejo inmaculado de la obra de Dios, y una imagen de la bondad de Dios. Aunque es una sola, puede hacer todas las cosas, y permaneciendo en sí misma, renueva todas las cosas; en cada generación pasa a las almas santas y las hace amigas de Dios y de los profetas; porque Dios ama a la persona que vive con sabiduría.

Se nos invita a leer los “Signos de los tiempos”, y luego a preguntarnos: “¿Qué puede ser una Vida de Fe en una Era Secular?” Nuestro tiempo está marcado por una secularización cada vez mayor. Aferrarse sólo a las “viejas costumbres” puede considerarse como una forma de responder a una amenaza. Quizá tememos la secularización como una disminución. Quizá lamentamos la pérdida de ritmos compartidos, de una fe común. Quizá desesperamos de que nuestra vida cristiana tenga aún sentido.

Pero, la Sabiduría nos llama a comprometernos con la secularización, no a temerla. Es una oportunidad de estar presentes de una manera NUEVA: de preguntarse cómo trabaja Dios aquí y ahora. Significa la oportunidad de elegir libremente vivir nuestra fe. Esto enriquece a toda la sociedad secular, incluso a aquellos que siguen un camino diferente. No todas las personas son artistas, pero todos se enriquecen con la belleza que un artista produce. Tampoco todas las personas tienen fe, pero todos pueden enriquecerse de nuestra vida en el Espíritu. En toda sociedad hay necesidad de trascendencia, de algo más grande que uno mismo, de adoración. Necesitamos valores que amplíen el interés personal y fomenten la magnanimidad, la entrega y la esperanza que vienen del Señor crucificado y resucitado. Hay necesidad de acciones que apoyen el Bien Común.

Leer los Signos de los Tiempos nos invita también a iniciar un “Tiempo de oración y acción”.

Tenemos que hacer frente a los desafíos que surgen ante nosotros: el nacionalismo cada vez mayor y el populismo, la creciente disparidad económica, la gran inestabilidad política, el desprecio por el bien común, el abandono de los más vulnerables y de los inmigrantes, el número de familias desplazadas por la guerra, los que sufren en los márgenes, el empeoramiento de la degradación del medio ambiente.

¿Qué podemos hacer desde lo que nos inspira la Sabiduría? Los jesuitas estamos encontrando algunas vías de respuesta que unen oración y acción.

* Podemos hacernos cada vez más compañeros de Jesús desde nuestra cercanía a los pobres.
* Podemos trabajar con ellos por la justicia social y porque cambien las políticas económicas, políticas y sociales.
* Podemos entender mejor los procesos que generan injusticia y ayudar a desarrollar modelos alternativos.
* Podemos proponer que el proceso de globalización esté basado en la interculturalidad.
* Podemos ocuparnos de los migrantes, los desplazados y las víctimas de la trata.
* Podemos fortalecer la democracia formando ciudadanos y promoviendo vocaciones para el servicio público y políticas que miren por el Bien Común.

Nos damos cuenta de que, al crecer en un mundo que cambia rápidamente, muchos jóvenes se preguntan qué es lo que puede dar valor y significado a sus vidas. Muchos se sienten perdidos o sin esperanza. Pero al mismo tiempo llevan dentro de sí la semilla de una nueva visión y una nueva forma de vivir nuestra fe. La pregunta que nos planteamos es ésta: ¿cómo podemos caminar con ellos hacia este futuro lleno de esperanza? Nuestro deber es acompañar a los jóvenes en la realidad que viven.

Estos son puntos cruciales desde los que la Iglesia busca percibir y discernir los movimientos del Espíritu Santo en - y a través de - estos momentos de la historia humana. Tenemos que dejarnos ayudar por los jóvenes para comprender mejor el cambio de época que se está produciendo hoy y la nueva esperanza que trae consigo.

Por eso estamos invitados a crear espacios en nuestras obras apostólicas, en la Iglesia y en la sociedad civil, para que los jóvenes sean líderes, para que crezcan en el discernimiento y en el compromiso.

Finalmente, y lo subrayo como muy importante, para responder a los signos de los tiempos con sabiduría, hemos de vivir vidas integras, profundamente espirituales y abiertas a compartir quiénes somos y qué motiva nuestras vidas.

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