Seúl - 17 de julio de 2019

Estoy muy contento de estar hoy con ustedes porque, como saben, una de las Preferencias Apostólicas Universales para la Compañía de Jesús hoy es precisamente “acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador”.

No sólo son ustedes jóvenes, sino que son jóvenes que tienen la capacidad de acompañar también a otros jóvenes, no sólo para estar con ellos, sino para ser fuertes mensajeros de esperanza.

Mi predecesor, el Padre Adolfo Nicolás, escribió en 2011 que los jóvenes “saben que no serán jóvenes para siempre. Por eso parecen tener prisa por aprovechar al máximo su juventud. Tenemos que entender esto y cooperar con ellos en esta aventura. Es importante que contribuyamos a un período muy importante de posibilidades y de creatividad”. Verdaderamente, este es un período crucial de la vida, cuando se toman muchas decisiones importantes - sobre la carrera, sobre los valores, sobre las relaciones. Por eso es importante estar con los jóvenes “para que no cambien entusiasmo por el cinismo, sino que pongan todo lo que tienen al servicio de metas y sueños dignos de la dedicación de sus vidas y de sus corazones”.

El peligro del cinismo es real, en un mundo de mucha violencia, adicción y soledad, destrucción ambiental, prejuicios, fundamentalismo y secularismo, individualismo. En noviembre de 2018, el Papa Francisco dijo:

“Hay muchos jóvenes, creyentes o no, que al final de una etapa de estudios muestran su deseo de ayudar a otros, de hacer algo por los que sufren. Esta es la fuerza de los jóvenes, la fuerza de todos ustedes, la que puede cambiar el mundo; esta es la revolución que puede desbaratar los grandes poderes de este mundo: la ‘revolución’ del servicio.”

En esta revolución, el Santo Padre invita a todos los jóvenes a tener valor, a entrar en diálogo con Dios y a dejar que Dios responda. “Entonces,” dijo, “verás cómo tu vida se transforma y se llena de alegría.”

Les pido su ayuda para que podamos trabajar juntos por todas las Preferencias Apostólicas Universales. Necesitamos abrir aún más nuestros corazones a la oración. Tenemos que aprender a caminar con los que han sido excluidos en el mundo de hoy, a estar con los que han sido marginados y a escucharlos. Necesitamos encontrar maneras de proteger y renovar nuestro hogar común, la Tierra.

Nosotros, los jesuitas, sabemos que no podemos hacer esto solos y que todos, ustedes y nosotros, necesitamos entrar en discernimiento en común, escuchar una vez más al Espíritu, y luego trabajar juntos para una transformación real y duradera. Aceptemos el reto de salir de esos lugares de seguridad: nuestras casas, círculos de amigos, planes fijos, esas innumerables aplicaciones en nuestros teléfonos inteligentes, que facilitan las cosas, pero también organizan en gran medida nuestras vidas.

Gracias una vez más por esta oportunidad de estar con ustedes. Rezo especialmente por ustedes, para que tengan la fuerza de volver a ser audaces y esperanzados, no por nosotros mismos, sino por el mundo.