Sacred Heart Hall, Zagreb, 22 de marzo de 2019

Quiero comenzar subrayando que la misión dada por el Señor no es una misión que pertenece exclusivamente a la Compañía de Jesús. El Señor nos llama a todos a la misma misión, aunque tengamos diferentes maneras de cumplirla. Por eso la Compañía de Jesús debe dejar constancia de que la cooperación con los demás es una dimensión necesaria a la hora de cómo concebir y llevar a cabo el apostolado en la actualidad.

Este énfasis no deriva sólo de la disminución del número de jesuitas, sino a una visión de la Iglesia que el Papa Francisco quiere promover siguiendo las pautas del Concilio Vaticano II. Todos somos Pueblo de Dios y compartimos la misma dignidad y misión a través del bautismo, aunque sigamos diferentes modelos a la hora de responder a la llamada del Señor.

Lo contrario de esta visión es lo que el Papa Francisco ha llamado pecado del “clericalismo” repetidamente. Una actitud que piensa que existe en la Iglesia un grupo elitista de hombres ordenados, que tiene todas las respuestas, todo el poder y toda la autoridad; grupo que no necesita escuchar, aprender ni dar cuentas. Es el clericalismo el que ha creado la crisis de abuso en la Iglesia. Consecuentemente superar el clericalismo será la única forma de sanar a la Iglesia.

Quiero señalar también que la mentalidad clerical no afecta sólo a sacerdotes y clérigos. A veces, los laicos pueden ser más clericales que los sacerdotes. Por ejemplo, aquellos que desconfían del liderazgo laico en los ministerios, y sólo quieren que los jesuitas sean jefes, serían cristianos de mentalidad clerical de alguna manera.

He compartido esta historia que les relato a continuación con los jesuitas en diversas ocasiones. Quiero hacerlo una vez más; ahora con vosotros. Hace dos años, visitando una provincia jesuita me encontré con que se habían preparado tarjetas de identificación para los participantes de dos clases. En unas se leía “colaboradores”, y en el resto “jesuitas”. Bromeé y pregunté: “¿Es que los jesuitas no colaboran?” Fue sólo una broma a medias. Sabéis de sobra que no es infrecuente echar de menos en nosotros la mentalidad adecuada para trabajar codo con codo con otros. ¡Incluso con otros jesuitas! Sin embargo, el punto es: Los jesuitas no tienen “colaboradores”. Los laicos no son nuestros “colaboradores”. Somos todos “colaboradores”, jesuitas y laicos por igual, llamados a servir juntos en la misión de Dios.

La última Congregación General, la CG 36, formuló esa misión como Reconciliación con Dios: de la humanidad y con la creación. Permítanme decir unas palabras sobre cada uno de los aspectos de nuestra misión compartida.

Reconciliación con Dios. La mayoría de vosotros sois conscientes de que hoy día, en un “país católico” como Croacia, hay una creciente secularización, un creciente distanciamiento de la fe, un creciente desconocimiento de la misma y una desconfianza hacia la Iglesia, en parte debido a los recientes escándalos. Este secularismo es, sin embargo, un signo de los tiempos. Un aspecto positivo de éste es que la fe ya no es simplemente un elemento de nuestra cultura, sino que vuelve a ser una elección libre. De alguna manera, estamos volviendo a la situación de la Iglesia primitiva, y estamos llamados a practicar de palabra y obra lo que el Papa Francisco ha llamado “primera proclamación”.

“Primera proclamación” significa presentar a los hombres el corazón del Evangelio: la misericordia y la compasión de Dios en Cristo, a través de nuestras palabras y obras. Muchas personas, incluso las supuestamente católicas, no han escuchado realmente el Evangelio como Buena Nueva e identifican la enseñanza de la Iglesia sólo con reglas, con prácticas, con instituciones... ¿Cómo podemos acompañar mejor a los que buscan y se dedican a anunciar mediante nuestros diferentes ministerios y profesiones, de forma convincente y atractiva, el primer anuncio, la Buena Nueva del amor y la misericordia de Dios?

La reconciliación con la humanidad. Muchos de nosotros estamos profundamente perturbados por un mundo en el que crecen las divisiones, la aparición de ideologías radicales, la violencia y el miedo a los “diferentes” parecen estar creciendo. En muchos lugares del mundo, los líderes populistas llegan al poder promoviendo el odio y el miedo, diciendo que ciertos tipos de personas no son realmente humanos, ya sean inmigrantes, refugiados, los llamados drogadictos, los pueblos indígenas. Parte de nuestra misión hoy significa, pues, prestar especial atención a los que están siendo excluidos, marginados y deshumanizados, para que podamos estar cerca de ellos, caminar con ellos, servirlos, defenderlos.

Finalmente, la reconciliación con la creación. Como el Papa Francisco ha enfatizado en Laudato Sí’, la forma en que los seres humanos producimos y consumimos hoy día y el predominio que ha adquirido la cultura de lo “desechable” están dañando gravemente el medio ambiente y amenazan con limitar seriamente la capacidad de nuestro planeta de seguir dando cobijo a los hombres en el futuro. Aquellos con el conocimiento necesario para ello, necesitan descubrir, promover modelos y diseñar políticas económicas más sostenibles. Sin embargo, todos nosotros necesitamos comenzar, desde este momento, a poner en práctica estilos de vida que contrarresten la cultura de lo “desechables”, en nuestras vidas personales, nuestras familias, y en nuestras instituciones y lugares de trabajo.

Amigos, somos colaboradores que compartimos la misión de Dios, y por eso podemos avanzar juntos con esperanza, porque sabemos que es la misión de Dios, no la nuestra. Sólo podemos cooperar realmente en la misión si creemos que nuestro Dios es el Dios vivo que está trabajando en este mundo con todos sus desafíos, y que el Espíritu del Señor está haciendo algo para producir nueva vida, gozo y esperanza en el mundo.

Muchas gracias una vez más. Termino agradeciéndoles su amistad, su amor y preocupación por nosotros los jesuitas, y su gran paciencia con nuestras debilidades también. Continuemos apoyándonos unos a otros y animándonos unos a otros, como siervos de la misión de Cristo y amigos en el Señor.

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