El padre Arturo Sosa al Consejo general de la Unión de Superiores Generales

El Padre General fue invitado por la Unión de Superiores Mayores a compartir sus análisis y reflexiones después de su participación en el Sínodo de la Juventud (octubre de 2018). Lo hizo en el Consejo General de la organización, celebrado en Roma del 21 al 23 de noviembre.

He aquí algunos extractos de la segunda parte de su discurso, que pone de relieve los signos de los tiempos que se identificaron durante el Sínodo. Después de mencionar que los jóvenes y sus contextos de vida deben ser entendidos como un espacio teológico desde se puede escuchar al Espíritu Santo, el Padre Arturo Sosa mencionó, como signos, la sociedad secular y la transformación antropológica que fluye del mundo digital. A continuación, abordó dos temas que interesan a los jesuitas desde hace años, el de las migraciones y el del reconocimiento del lugar de los jóvenes y de las mujeres en la Iglesia.

Las migraciones como fenómeno global, masivo y complejo. Son centenares de millones los seres humanos que se ponen en camino en el mundo en proceso de globalización. La mayoría de ellos obligados por la ausencia de condiciones de vida digna en sus lugares de origen bien sea por la injusticia estructural o por la violencia que ella genera. El número de desplazados y refugiados tiende a crecer en todo el mundo. Las oleadas de seres humanos que se lanzan a la aventura de buscar otros horizontes también aumenta. La inmensa mayoría son jóvenes.

La nueva época de la humanidad también abre oportunidades a una movilidad humana en positivo en la que el intercambio global enriquece a unos y otros. En un mundo reconciliado con la justicia social y el medio ambiente, que valora la variedad cultural y la libertad religiosa, las migraciones pueden llegar a convertirse en fuente de enriquecimiento y creatividad.”

Reconocer a los jóvenes y las mujeres como sujetos de las comunidades eclesiales. Jóvenes y mujeres forma parte de la Iglesia, ¿quién lo duda? El signo es su incorporación plena en la dirección pastoral de la Iglesia puesto que tampoco hay duda del papel secundario que juegan en la estructura de responsabilidad pastoral de la comunidad.

Llegar a ese reconocimiento implica profundizar las raíces históricas y sociales del papel jugado por jóvenes y mujeres en las sociedades humanas y en la Iglesia. Exige una comprensión no simplista sino compleja de los procesos históricos y sociales. Al mismo tiempo exige creatividad y apertura al Espíritu para encontrar el modo de incorporar jóvenes y mujeres a la dirección pastoral de una Iglesia acomodada al modelo inacabado del Vaticano II.”

En conclusión, el P. Arturo propone líneas de acción que los religiosos pueden seguir para que el Sínodo dé sus frutos a medio y largo plazo. La última línea que mencionó fue:

“El compromiso efectivo en la transformación social como testimonio del anuncio de la posibilidad del Reino de Justicia, Paz y Amor.”

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