El Padre General concelebró la misa del domingo 29 de febrero en Maheshpur, distrito de Jhapa, al este de Nepal. Habló a los feligreses con ayuda de un intérprete, confirmando el compromiso que tiene la Compañía de Jesús de mantenerse a su lado en la lucha por lograr mejores condiciones de vida en todos los aspectos.

Les agradezco a todos ustedes, hermanos míos jesuitas, los feligreses, hermanas y colaboradores, su espíritu indomable y su trabajo incesante en el distrito de Jhapa. Viven ustedes en un contexto multicultural en el que coexisten diferentes idiomas, creencias y culturas. La situación que viven ustedes es verdaderamente desafiante. Algunos de sus antepasados llegaron desde la India para trabajar aquí en los campos de té. No pocos de ustedes son ciudadanos del Nepal con todo derecho. Soy consciente de que hubo un tiempo en el que no podían ni siquiera practicar y profesar libremente su fe. Hasta la llegada de los jesuitas, a finales de los 90, no contaban con sacerdotes que les administraran la Eucaristía ni los demás sacramentos. Tenían que caminar millas para asistir a Misa en la India. Sin embargo perseveraron en su fe. Admiro y aprecio mucho su fe en Jesucristo.

La Compañía en el Nepal se instaló en Jhapa, a finales de los años 90, con el objetivo de dar educación a los niños católicos y para que los fieles recibieran atención espiritual. En 20 años la misión se ha extendido hasta abarcar cuatro escuelas, una parroquia, una cuasi-parroquia y seis locales donde se celebra la Eucaristía. Cada Pascua se acercan familias que desean recibir el bautismo. Las perspectivas de evangelización son grandes. El hecho de que haya cada vez más familias que se sienten atraídas por la Iglesia es signo de que la vida cristiana que se vive es buena y edificante. Me gustaría agradecer a los catequistas su espíritu evangélico. La parroquia es uno de los semilleros más prometedores de vocaciones a la vida religiosa. Recen por las vocaciones religiosas. Animo a los jóvenes aquí presentes a que piensen en la vocación religiosa.

Soy consciente de que las condiciones de vida que sufre la población son muy difíciles. Uno de los principales medios de empoderamiento es la educación. Amplía perspectivas y amplía horizontes. No podemos olvidar que la educación significa un cambio radical. Logra mejorar las oportunidades de trabajo y, en última instancia, el nivel de vida. Por todo ello animo a los padres a educar a sus hijos. Motiven a los jóvenes a estudiar con seriedad. Pero no olviden que la educación que desarrolla el pensamiento, no es suficiente; necesitamos también educar nuestros corazones. La educación de la Compañía de Jesús tiene como objetivo un desarrollo integral de la persona.

El mundo cambia hoy muy rápidamente; crea muchas cosas buenas, pero al mismo tiempo hace surgir problemas que crean división a causa de la religión y la cultura. La vocación cristiana y también la misión de los jesuitas, es promover la reconciliación, la justicia y la paz, contribuyendo así a la edificación de comunidades verdaderamente humanas.

Es importante recordar que todo trabajo que hagamos es obra de Dios y que nosotros somos meros colaboradores suyos. La misión de Dios no es patrimonio exclusivo de ninguna Congregación Religiosa ni de ninguna persona en particular. Es nuestro deber colaborar con todas las personas de buena voluntad que están comprometidas y deseosas de construir un mundo más humano y más justo.

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