En Katmandú, el compromiso de los jesuitas en el apostolado social se lleva a cabo especialmente por medio de una obra: El St. Xavier’s Social Service Centre (Centro de Servicio Social). El Padre Sosa, durante su visita en Nepal, visitó la sede de esta organización y habló con todos aquellos, jóvenes y adultos, que se dedican a mejorar las condiciones de vida de los nepalíes necesitados.

Me siento muy feliz de estar con ustedes en el St. Xavier’s Social Service Centre, un hogar de servicio, manifestación de los mejores valores del pueblo de Nepal, y por supuesto, de la caridad cristiana. Hago una memoria agradecida de los jesuitas y de sus colaboradores que han sacrificado sus vidas por este país. Recuerdo con gratitud los servicios del Padre Tom Gaffney, que se convirtió en mártir de la caridad. Que su remembranza y su ejemplo nos inspiren para servir a la juventud y a todos los necesitados, con más fervor.

El mundo de hoy está experimentando crisis sin precedentes, o, como alguien lo dijo, ‘penas’: pena climática, pena de democracia, pena ética, pena de los desplazados. Lo  triste de ello es que la mayoría de dichas penas son obra humana.

Miren a Nepal. Es una tierra bendecida con una belleza inimaginable, pero que esconde un siniestro vientre. Dos de cada tres familias de esta noble tierra viven con menos de tres dólares al día y los niños y mujeres de esas familias son las víctimas más vulnerables. Esto crea un círculo vicioso de pobreza y privación sin fin. Me entristece observar que en Nepal todavía hay 1,6 millones de niños que trabajan y que casi el 60% de ellos son niñas que trabajan en entornos peligrosos.

Tengo entendido que doce años de guerra civil han dejado hasta 10.000 niños huérfanos y más de 100.000 niños desplazados. El devastador terremoto de abril de 2015 causó hasta 9.000 muertos, dejando una vez más muchos más niños discapacitados y huérfanos.

¿Cuál es el papel de la Compañía de Jesús y del Centro de Servicios Sociales en este contexto?

Nuestros colaboradores y nosotros, los jesuitas, estamos llamados a servir en las fronteras. Desde los tiempos de nuestro fundador, el Padre Ignacio, hace casi cinco siglos, los primeros jesuitas dejaron sus casas para ir a las misiones de todo el mundo. El Papa Francisco nos lo recordó de nuevo, cuando dijo, “su lugar apropiado está en las fronteras”. Sabemos que las fronteras se encuentran en muchas formas: geográficas, interreligiosas, educativas y de justicia social.

Mahatma Gandhi lo dijo hace años: “El mundo tiene suficiente para las necesidades de todos, pero no para la codicia de todos”.

El Papa Francisco dijo últimamente: “Vamos a toda prisa, sin preocuparnos que las diferencias aumentan, y que la codicia de unos pocos acentúa la pobreza de muchos otros”.

Aquí es donde nosotros los jesuitas y vosotros, nuestros colaboradores, debemos comprometernos a caminar con los pobres.

Permítidme advertiros y recordaros que el sendero que buscamos para caminar con los pobres debe ser uno que promueva la justicia social y el cambio de las estructuras económicas, políticas y sociales que generan la injusticia. Este camino, creemos, es la autopista para la reconciliación de los individuos y los pueblos. Ya estáis en la vía, caminando con los pobres. Al mismo tiempo que os felicito por todo lo que habéis hecho y estáis haciendo, también os insto a seguir adelante sin descanso, hasta que se logre la Justicia y la Reconciliación entre todos. (...)

Unamos nuestras manos para dar testimonio de una fe que promueve la reconciliación basada en la justicia, la paz y la igualdad. Que el Reino de un Dios amoroso se convierta en una realidad vivencial para cada ser humano. Es, en efecto, una utopía, un gran sueño. Pero, ¿qué sería la vida sin grandes sueños?

Etiquetas: Padre General JCSA