Santo Padre, hermanos y hermanas

La confrontación con la realidad (n. 118-119) como parte del discernimiento supone un adecuado análisis (interpretación) de la realidad que se ha reconocido. Percibo en el Instrumentum Laboris una visión simplificada y negativa de la secularización. Siendo una característica del cambio de época apenas se menciona en la I parte como una especia de etapa oscura en vías de superación, desaparece en la segunda parte en la que se busca interpretar la realidad y discernir la acción de Dios en la historia, para reaparecer apenas mencionada en algunos números de la tercera parte, siempre en tono negativo.

¿Y si nos atrevemos, más bien, a ver la secularización como un signo de los tiempos, en el sentido teológico que le dio el Concilio Vaticano II a esta expresión? Se trata de ver la secularización, y el mundo secular que surge de ella, como uno de los modos como el Espíritu nos está hablando y guiando en este tiempo. En lugar multiplicar lamentos por el pasado idealizado que se fue, preguntémonos sinceramente qué nos está diciendo el Señor a través de la secularización, hacia dónde nos lleva el Espíritu Santo a través de ese camino que está viviendo la humanidad.

Preguntémonos, por ejemplo, de qué nos libera la secularización. Una respuesta nos llevaría a diferenciar varios tipos de reacciones provocadas por la secularización.

(a) Uno es el secularismo combatiente que da la batalle contra cualquier forma de la fe religiosa desde un ateísmo militante.

(b) En otros casos el secularismo se muestra como indiferencia ante la experiencia religiosa.

(c) Uno de los efectos frecuentes de la secularización es la interrupción de la trasmisión social de la religión que lleva a la ignorancia respecto de la fe, la experiencia religiosa y la religión misma.

(d) Cuando la sociedad se hace secular, surge en muchos el deseo de conocer lo religioso y la experiencia de fe. En esta etapa se ha superado el combate contra la religión y la indiferencia se transforma en indagación del fenómeno religioso. De este modo, por curiosidad muchos jóvenes se acercan a ver que encuentran.

Percibir el proceso de secularización como signo de los tiempos nos lleva a:

1) Hacernos conscientes de cómo el mundo secular nos libera de ser cristianos automáticamente, por costumbre, porque vivimos en un ambiente cristiano, porque se es parte de una familia cristiana en una sociedad cristiana. En una sociedad secular se es cristiano porque se quiere, porque se ha hecho la pregunta, se ha informado, se ha discernido y se elige ser cristiano.

2) La sociedad secular nos libera también de fundar en la religión la identidad tribal, la identidad nacional o cualquier otra identidad ajena a la experiencia espiritual que nos invita a reconocernos humanos, hermanos y hermanas, hijos e hijas del mismo Padre.

3) La sociedad secular nos lleva a recuperar la importancia del anuncio de la fe y del acompañamiento pastoral de la maduración humana y cristiana. El primer anuncio de la fe se convierte así en una dimensión clave del trabajo de la Iglesia en este tipo de sociedades. El anuncio de la fe se fundamenta en el testimonio de los apóstoles de quienes Jesús, el crucificado-resucitado, se dejó ver. Hoy son testigos quienes han tenido el encuentro personal con Cristo y dan testimonio con su vida de discípulos.

4) Al anuncio le sigue el largo y complejo proceso de acompañar la maduración de la fe. La experiencia de fe no produce súbditos de un señorío terreno sino seguidores voluntarios del Señorío Universal del crucificado-resucitado de quien han elegido libremente hacerse discípulos. De allí la importancia de las comunidades cristianas. Sabemos que la fe cristiana no se vive a solas; la fe cristiana se vive en comunidad y es la comunidad la que garantiza ese acompañamiento del proceso de maduración en la fe.

Arturo Sosa, S.I.